lunes 9 de noviembre de 2009

121. SUPERESTRUCTURAS DE INFRADISEÑO

.


En diciembre del 2003 publiqué en elhAll n76 uno de mis artículos más novedosos en cuanto a crítica arquitectónica y urbana por cuanto no se dirigía contra el diseño de los edificio sino el de las infraestructuras. Creo que algún tiempo después rehice el texto para su publicación en la desaparecida revista Archipiélago, pero no lo encuentro ahora en su versión digital. Como el paisaje urbano y periurbano se sigue haciendo añicos (cascotes) a pasos agigantados por el pésimo diseño de las infraestructuras, lo rescato en este blog para que esté accesible vía internet. Es un texto para papel, es decir, algo más largo de lo que acostumbro a escribir para los blogs, pero espero que se pueda seguir hasta el final sin mayor dificultad. Completo la documentación con dos imágenes más tomadas de google earth: la del nudo de la Estrella, del que tanto se habla en este artículo, y la de la obra ya construida de la variante de Tirgo conforme al proyecto presentado en su día en la prensa, que lo motivó.

La forma de la ciudad, y hasta la del territorio son, cada vez en mayor medida, las propias formas de las infraestructuras del tráfico rodado, pues dado el tamaño cada vez mayor de éstas y su prioridad en la jerarquía funcional de la ciudad o del territorio, hace tiempo que los puentes, autovías, circunvalaciones, cruces, señalizaciones, rotondas etc. etc. han dejado de ser meras “infra” estructuras para convertirse en verdaderas “super” estructuras formales configuradoras del paisaje urbano.
Sorprende por tanto la poca atención que la sociedad en general o la crítica arquitectónica y artística en particular les dedican en cuanto a su diseño, como si por el hecho de que fueran estrictamente “funcionales” no estuvieran abiertas a la creación formal, o por el hecho de que por ser profesionalmente competencia de los ingenieros quedasen al margen de la cultura del proyecto. Una cultura que, -me adelanto a señalar-, no debemos creer que tiene que ver solamente con los aspectos estéticos del proyecto sino, tal y como voy a tratar de demostrar en el presente artículo revisando algunas obras reciente en Logroño y La Rioja, con la propia resolución de los problemas funcionales.
La cultura del proyecto, es decir, la de la creación humana que se formula como respuesta a un programa de necesidades y que se constituye en base a una serie de propuestas que inmediatamente entran en un proceso de ajuste, desarrollo y debate interno, entre otras cosas porque la propia propuesta formal se dialectiza de inmediato con el programa de necesidades previo, es una cultura que, hay que decirlo con la mayor tristeza, parece que solo es patrimonio de la disciplina de la arquitectura, y por supuesto, no de toda, sino de una muy pequeña parte de ésta (y por supuesto, para nada de esa arquitectura de las revistas de moda que procede con las mismas estrategias que las obras de la ingeniería). Cierto es que la mayor parte de la producción arquitectónica de nuestros días no difiere en sus procesos de la ingeniería más alejada de la cultura del proyecto pero, como digo, la esencia de la cultura del proyecto no hay que ir a buscarla en los arquitectos de relumbrón (auténticos maestros de la ingeniería de las relaciones con los mass media) sino en los pequeños actos que, cada arquitecto que no haya olvidado lo que se le enseñó en la escuela, pone en práctica de tanto en tanto en su cotidiano trabajo de creación.

Pero vamos con la simple aplicación del método del proyecto a algunas obras recientes de la ingeniería de calles y carreteras en nuestra provincia para ver hasta que punto se hace necesaria su aplicación.
Por ejemplo, y para empezar, analizaremos el caso del diseño de rotondas. Sería interesante para la historiografía local saber quien fue el político o el funcionario riojano que descubrió en algún viaje por Europa la utilidad de las rotondas en los cruces de calles y carreteras y el entusiasmo con que las aplicó en nuestra tierra, y no tanto para aplaudirle como para decirle que todo diseño que pretenda resolver un problema, no sólo posee una forma geométrica concreta, sino también unas determinadas proporciones que, de ser transgredidas, ya no sólo no resuelven el problema original sino que crean otros nuevos aún peores que los que pretendían solucionar.
Tal y como expuse en un viejo artículo sobre el transporte urbano (Ciudad y transporte, el caso de Logroño, rev. Archipiélago n. 15-16), la rotonda es un diseño estupendo que resuelve el cruce de carreteras según el lógico principio de que para dar fluidez a un cruce donde llegan muchos vehículos desde cuatro vías distintas, no hay más que ceder el paso al que ha llegado antes que tu. Un principio que se aplica en Nápoles sin necesidad de las rotondas, pero que franceses, alemanes o ingleses, parecen incapaces de entender sin una formula indicativa y organizadora de por medio. Esa formula, la rotonda, resuelve el problema de las prioridades cuando sus dimensiones tienen determinadas medidas, pero cuando esas medidas se sobrepasan, dando lugar a círculos gigantes con dos o más carriles, el problema no es que se solucione sino que se multiplica. La rotonda se convierte entonces en una nueva vía rápida de circulación para el que ha entrado en ella, con el consiguiente peligro para el que se quiere incorporar, así como una vía cortísima para quien quiera maniobrar entre carriles, viéndose forzado a cruzarlos en peligrosa diagonal. Y si a ello le añadimos unas barandillas que impiden la visibilidad desde ciertas vías cuando te acercas a la rotonda (como en la de circunvalación con república Argentina o con avenida de Madrid) o una jardinería de arbustos (en varios casos), o unos descentramientos de ejes que parece que la rotonda es tu propia vía (como en la rotonda de circunvalación con la carretera a la Estrella viniendo de Pamplona), hay que decir que la mayoría de las rotondas que se han construido (que no diseñado) durante los últimos veinte años en Logroño son un verdadero despropósito ante el que los arquitectos (o los que quieran debatir a fondo sobre los proyectos) no podemos quedarnos cruzados de brazos sin por lo menos alzar la voz.

Podría ser que los ingenieros dieran escasa importancia a las rotondas en cuanto a su diseño por ser para ellos poco menos que asuntillos sin importancia, y que todo su empeño se hubiera volcado en resolver cuestiones mayores como, por ejemplo, la gran trama de embarques y desembarques que plantea la gigantesca circunvalación con que trató de resolverse el conflictivo nudo de la estrella, pero si analizamos fríamente todo el lío de entradas y salidas de la circunvalación no ya sólo en ese cruce sino en los que le anteceden por el oeste, comprobaremos que la obra más cara de la historia de la Rioja ha sido también la más torpe en diseño y la más confusa en su resultado. Y es que después de un par de años en funcionamiento, los únicos que deben saber cómo se sale de Logroño hacia Zaragoza han de ser forzosamente los que no son de Logroño o los que no tienen sentido de la orientación; y los que acierten a entrar en Logroño por la rotonda y vía que tenían pensada, se han que sentir como si les hubiera tocado la lotería.
La razón de tal calamidad es plantear una circunvalación de alta velocidad en la que para evitar la coincidencia de entradas y salidas en cada tramo entre intersecciones, desde Alcampo hasta la Avenida de Madrid éstas se resuelven haciendo una de entrada y otra de salida, con el consiguiente lío y despiste para quien trate de maniobrar; y desde Avenida de Madrid hasta la carretera de la Estrella se duplican innecesariamente por arriba y por debajo, despistándote nuevamente. Llegando de Zaragoza todavía no he conseguido coger la Avenida de Lobete, aunque no desisto de ello y confío en que algún día lo logre, aunque entrando a Logroño desde la Estrella ya he desesperado de querer entrar por Lobete para ir directamente de un hospital a otro, y me doy por perdido.
Todas esas vueltas y revueltas en salidas y entradas que te obliga a hacer el pésimo diseño de la circunvalación ultrarrápida, no sólo supone un consumo de espacio impresionante (aunque se pinte de césped y se compute como nuevas zonas verdes de la ciudad....) sino que acaba por colapsar las entradas priorizadas, de modo que la rotonda de la circunvalación con Chile ya empieza a ofrecer notables atascos en varias de sus bocas.
De haberse estudiado un poco más a nivel de diseño ¡con todo el presupuesto que se le había destinado! (y ahora se me entenderá que no hablo de diseño de ornamentación y embellecimiento, sino de “diseño estrictamente funcional”) la homogeneidad de la trama urbana en su encuentro con la circunvalación, no se habría cometido tamaño desatino, pero ahí lo tenemos desorganizando a otra escala el trasiego de Logroño entre los tres hipermercados como si de una destartalada y nueva Gran Vía Juan Carlos I se tratara.
Por no extenderme mucho y acabar con las circunvalaciones, recientemente he visto publicado en el diario local la variante de Tirgo (reproduzco aquí la infografía) y conociendo de primera mano el tráfico de las vías de intersección no he podido sino echarme las manos a la cabeza una vez más ante la desproporción entre el problema y la solución.
En aras a la brevedad dejo sin comentar algunas obras cuya torpeza es tan manifiesta que no precisan más argumentos, como la reforma del Puente Madre con toda la fila de chupa chups a un lado, los peligrosísimos cortes a cuchillo de las cunetas de las carreteritas más estrechas a que nos tiene acostumbrados la Consejería de Obras Públicas con el estúpido argumento de que la vegetación se comería si no la calzada, por no hablar de un sinfín de cruces de entre los que el de Casalarreina ha sido tristemente célebre; y acabaré esta llamada de atención a la torpeza y estupidez del diseño de las infraestructuras con una mención especial para los dos últimos puentes “colgantes” “o cableados” (cabreantes, habría que decir más bien) de Logroño, el del Iregua y el de las Norias, profusa e ilustrativamente iluminados como si se tratase de los nuevos monumentos urbanos, y que según se puede ver aún en el primero y se pudo ver durante la construcción del segundo, todo el “cuelgue” no es más que un carísimo adornito (un “cuelgue” de los de canuto) con el que la ingeniería quiere salir en las revistas de la moda al lado de las grandes vedettes de la arquitectura. Dada la dimensión de los tableros y la economía de medios que toda arquitectura debe de intentar, es obvio que estos dos engendros han hecho del tercer puente sobre el Ebro, (justamente el que lleva al Carrefour para desdicha de los que le negaron la licencia en Logroño) una obra pública mucho más digna y sencilla, y por tanto, mucho más meritoria arquitectónicamente hablando.

Pero no nos rasguemos aún las vestiduras porque si faltas de diciplina de proyecto están las nuevas vías de la ciudad y el territorio, ¡que no podrá decirse de las superestructuras comerciales o “plazas” a las que nos llevan, en las que los ingenieros se las tienen que ver con cubiertas, fachadas, entradas y hasta decoración interior!... ¡ay! ¿no va a haber algún colaborador del hAll que abra con ellas una nueva colección de abandonados, o incluso de, “desamparados” de la arquitectura?


lunes 12 de octubre de 2009

120. LABASTIDA, RIOJA ALAVESA. BODEGA SOTO DE TORRES

.


Que la arquitectura está borracha, está borracha está borracha... (ayer murió Luis Aguilé) es tan evidente que no hace falta ser adivino para pronosticar que acabaría sus días perdida entre bares y bodegas.
El Colegio de Arquitectos de La Rioja muestra durante estas semanas una exposición de las trompas que se ha cogido en las últimas temporadas, pero como ese espectáculo no me resulta muy edificante (y nunca mejor dicho) en vez de ver esa exposición ayer me fui al Toloño, esa preciosa montaña riojana por donde se cuela el viento norte, que al decir de mi amigo Tachi es el remedio ideal contra las cogorzas.
No pude evitar, sin embargo, encontrarme con el último pedo producido por el fuerte tinto de Labastida. Una trompa, eso sí, sostenible y de integración “paisagística” (véase cartel indicativo).
Cuando me coja la siguiente cogorza, pedo, trompa, borrachera..., pienso decir que he pillado un Cascote.



domingo 27 de septiembre de 2009

119. BIARRITZ. Dos, y pronto, tres.

.


Todo es antiguo en Francia, sobre todo las casas que se hacen hoy en día. Un tipo francés nos comentaba este verano que, a diferencia de España, en Francia no se permite la creatividad arquitectónica. Desconozco la tramoya legal de por allá pero tras mis últimas investigaciones puedo asegurar que todas las casas y pueblos que se construyen en la zona de Cataluña Norte responden al estilo de village catalán, y que todas las que he visto estos días en Euskadi Norte son de puro estilo vasco, o sea, antiguas.

El problema es amordazar lo que no son casas. Junto a la playa de Milady en Biarritz, Steven Holl está construyendo en estos días un no sé qué, y dudo que le hayan traído de las américas para hacer estilo vasco. En dos años veremos el desastre.

De momento traigo aquí los dos Cascotes más notorios que se ven en la playa principal de Biarritz, piezas auténticas que le dan a esta linda ciudad el toque internacional que necesitaba.



El primero de ellos (en la foto) se asoma entre el Casino (un edificio algo desescalado pero no cascote) y el Hotel du Palais (el chalecito que se hizo construir la emperatriz Eugenia de Montijo). Parece un edificio de apartamentos y es notable el esfuerzo del arquitecto porque no parezca un Cascote. Véase como se agacha en los encuentros con las casas colindantes, como se requiebra en fachada para no aplastar y como se pinta de blanco para tratar de pasar desapercibido, pero ni por esas. Aquí, la foto aérea de GE.



El otro escalonado de ingenuo arquitecto y espabilado promotor es el del Hotel Sofitel Miramar, que está escondido más allá del Hotel du Palais pero que se ve muy bien desde el Faro:



Y ya no digamos en la vista de GE



Aunque a primera vista no lo parezca, Francia es también territorio Cascote. Hay que ir con cuidado.

sábado 11 de julio de 2009

118. GUADALAJARA, Jalisco, México. Templo de la Luz del Mundo.

.


En la fotografía parece poca cosa pero en la realidad, el edificio se eleva de forma notoria sobre el magma horizontal de la zona oriental de la ciudad de Guadalajara, (Jalisco), llamando la atención urbana y moviéndome a mí, cómo no, a la curiosidad.

Tras haber visitado el verano anterior en Polonia algunos de los monstruos modernos que la iglesia católica había construido bajo el influjo del papa polaco, y a sabiendas de que la religiosidad mexicana es proclive al kitch y a los grandes eventos, pensé que podía tratarse de un templo católico más, pero mi sorpresa fue descubrir que era obra de una secta de la que nada sabía.



En viajes posteriores he visto cosas igual de estrambóticas en Estados Unidos o Brasil, lo que me hace pensar que con casi toda la arquitectura religiosa occidental de finales del XX (por no hablar del lado musulman con sus mezquitas arcaizantes) se podrían llenar miles de páginas del gran libro de los Cascotes.



El templo de Guadalajara nos puede llevar a recordar el episodio histórico del gótico, es decir, el de una arquitectura a la que el imaginario religioso le llevó a perder las formas y las proporciones clásicas. Y con ello, a entender también el gran rechazo que el Renacimiento mostró sobre el gótico, -un rechazo que siempre nos pareció excesivo siglos después, considerando no sólo la belleza formal y la emoción que suscitan, sino sobre todo los indudables logros en la racionalidad constructiva, los avances de la ingeniera en piedra y la riqueza de los elementos compositivos de las grandes catedrales.

Pero obviamente los tiempos y circunstancias son bien diferentes. A finales de siglo XX las distintas religiones y sectas, con sus distintos imaginarios, tienen capacidad económica suficiente para elevar templos de gran impacto urbano, pero la arquitectura que se ha de construir sobre tan inestables cimientos e inspiraciones, tiene ya tal empanada, que el resultado no puede ser sino cascote tras cascote.



Sin ir más lejos y en el caso que nos ocupa, gracias a un banco de hierro que adorna la plaza donde se levanta este templo, se puede ver el dibujo de otro templo de la misma iglesia, que con la ayuda de google earth descubrimos en el borde oriental de la misma ciudad y que, mira por donde, hasta está dibujado en sketch up.





Creo que no es necesario comentario tipológico o estético alguno ¿verdad? Y es que, sinceramente, Cascotes prefiere buscar culpables en los grandes artistas arquitectos o en la cara dura teórica de sus teóricos escribientes, antes que en la religiosidad popular.

En todo caso, si miramos ahora en el mapa de google la zona donde se ubica el primero de estos dos templos, podemos apreciar que su influjo ha configurado también la trama urbana en el radio de varias manzanas y que la arquitectura de formas caprichosas o descontroladas ha afectado también a su entorno.




Claro que, volviendo los ojos a la historia, eso no es ya cosa del gótico, sino del barroco.


viernes 26 de junio de 2009

117. BOGOTA, Colombia. Parque Jaime Duque, NARCOARQUITECTURA

.


El edificio de arriba se parece bastante a alguno de los Palacios de Congresos provinciales que hemos visto recientemente por aquí aunque, contra lo que se pudiera pensar, no es de ningún anarcoarquitecto iluminado tratando de pasar a la historia sino de algún arquitecto desconocido puesto al servicio de los narcotraficantes latinoamericanos quienes, como todo aquel que acumula dinero o poder, han querido dejar huella de su paso por la tierra haciendo cosas grandes y bonitas, o sea, arquitectura.

Pertenece a una serie fotográfica del venezolano Luis Molina-Pantín titulada “Estudio Informal de la arquitectura híbrida, vol.1: La narco-arquitectura y sus contribuciones a la comunidad de Calí-Bogotá, Colombia”, que estuvo expuesta en el mes de enero en Madrid y de la que sólo he podido obtener algunas imágenes en internet a través de la página http://www.analitica.com/va/arte/dossier/7537754.asp

Por si no tenéis tiempo de entrar en esa página, os pongo aquí los cascotes más interesantes:




Según esa página la mayor parte de los edificios fotografiados por Luis Molina-Pantín están en el Parque Jaime Duque, que buscándolo con Google Earth está al norte de la ciudad, tal que aquí:

http://maps.google.es/maps?ll=4.8818521,-74.02137&z=13&t=h&hl=es

pero mediante las fotos de Panoramio sólo he podido localizar el castillo Marroquín.

De paso, he aprovechado para darme una vuelta por Bogotá coincidiendo con que está allí mi hija Elena. He encontrado mucho cascote, claro, pero ya me traerá ella fotos hechas por ella misma y os contaré.

sábado 13 de junio de 2009

116. MUSEO DEL JURASICO, Lastres, Concejo de Colunga, Asturias, España.



No os riáis ni os animéis, que no va de tetas ni de arquitectura sostenible (aunque diríase que un sostén es lo que necesitan estas cosas). Lo que veis arriba es un Museo construido recientemente (2004) en medio del monte, a mayor gloria de los dinosaurios, o de la cultura de los dinosaurios. Pero como dice la la wikipedia (corto y pego):

“El edificio, obra del arquitecto Rufino García Uribelarrea, es la representación del contramolde de una huella de dinosaurio tridáctila”.

Así que nada de risas. O sea que la barriga esa que se ve por entre el canal de los dos volúmenes no es el feto de una futura arquitectura sostenible sino el dedo largo del tridáctilo.

Si queréis seguir con la coña os podéis leer aquel artículo que escribí en el LHD llamado “Estilo parecido”.

Menos risas da la ubicación del edificio-huella. Construido en medio del monte, al que se accede por una costosa carretera nueva de kilómetro y pico que ya se ha hundido, ofrece al visitante un gran parking alejado del edificio (para más joder) y un montón de juegos infantiles junto al tetudo museo. Una intervención de verdadero impacto ambiental. Pero como lo han hecho los de cultura, pues mucho gusto.

Google Earth no ofrece aún ninguna imagen del cascote así que hice esta foto desde el mirador de Lastres para que se vea la monumental huella en el paisaje, no ya de los tridáctilos sino... de nuestra gloriosa arquitectura contemporánea.

martes 2 de junio de 2009

115. EISENMAN, el cosmólogo del Caoscote







Hace unas semanas el amigo Millanga me envió un link a la web donde está publicado el debate que tuvo lugar en 1982 entre Peter Eisenman y Christopher Alexander. Ya siento no haber encontrado el enlace pero espero que pronto lo subsane Millán. Leí con detenimiento dicho debate (digo lo del detenimiento porque está en inglés y como ese idioma siempre está llenos de escollos me tuve emplear a fondo), leí con suma atención, digo, ese debate y me quedé estupefacto ante las bobadas, pedanterías, abstracciones y chulerías que pudo decir Eisenman. No es que Alexander estuviera muy brillante, pero al menos trataba de ser sensato e inteligible. Acabado el texto, el editor comentaba (en tono bastante más cercano a Eisenman que a Alexander) que con el tiempo Eisenman triunfó y que Alexander fue desapareciendo de la escena pública. Qué consuelo…

Por esos días el amigo Carlos Zeballos publicó en su Moleskine arquitectónico algo de Eisenman en Japón (fotos de arriba) diciendo que es un arquitecto que no gusta mucho por allá, porque sus edificios les recuerdan a cómo quedan sus casas después de los terremotos (y añado yo: aunque con colorines). Lógico es pensar entonces que cada vez que proyecta Eisenmann, tiene un terremoto en su cerebro. Un cataclismo de ideas y geometrías. Pobre.

También en aquellos días y por no sé cual camino de la red llegué al blog de Javier Armesto en la Voz de Galicia, quien una vez más se escandalizaba de las noticias que produce esa monstruosidad de monte de edificios (Ciudad de la Cultura lo llaman) que Eisenman lleva construyendo en Santiago desde hace tiempo y por el que ha cobrado (el dato me lo facilitó el propio Javier Armesto) nada menos que 9,5 millones de euros. Rico, rico.

Fijaros en la proporción del cascote gallego: ocupa casi tanto espacio como la almendra original de todo Santiago.



El monte de Eisenman es una rica mina de Cascotes. Mas que un terremoto parece que es una cordillera que emerge. Dejo aquí dos enlaces sobre noticias relacionadas con el “suceso”

Presupuesto

y

Teleférico

(noticia esta última que me recuerda al teleférico a la Biblioteca España en Medellín, ah ah ah)

Bueno pues eso, que aquí os dejo con algunas imágenes del Monte del Caos que los taifas gallegos encargaron a Eisenman (por cierto, muy amigo de Moneo, dicen) y que espero que no nos hagan olvidar que en Santiago hay otro lugar mucho más modesto y sagrado llamado Monte do Gozo.





¡Ah! lo de cosmólogo se lo he puesto porque en el debate al que hacía alusión arriba trataba de convencer a Alexander sobre no sé qué cosmología del caos. O sea, cosmología del Caoscote.