martes, 2 de junio de 2009

115. EISENMAN, el cosmólogo del Caoscote









Hace unas semanas el amigo Millanga me envió un link a la web donde está publicado el debate que tuvo lugar en 1982 entre Peter Eisenman y Christopher Alexander. Ya siento no haber encontrado el enlace pero espero que pronto lo subsane Millán. Leí con detenimiento dicho debate (digo lo del detenimiento porque está en inglés y como ese idioma siempre está lleno de escollos me tuve que emplear a fondo), leí con suma atención, digo, ese debate y me quedé estupefacto ante las bobadas, pedanterías, abstracciones y chulerías que pudo decir Eisenman. No es que Alexander estuviera muy brillante, pero al menos trataba de ser sensato e inteligible. Acabado el texto, el editor comentaba (en tono bastante más cercano a Eisenman que a Alexander) que con el tiempo Eisenman triunfó y que Alexander fue desapareciendo de la escena pública. Qué consuelo…

Por esos días el amigo Carlos Zeballos publicó en su Moleskine arquitectónico algo de Eisenman en Japón (fotos de arriba) diciendo que es un arquitecto que no gusta mucho por allá, porque sus edificios les recuerdan a cómo quedan sus casas después de los terremotos (y añado yo: aunque con colorines). Lógico es pensar entonces que cada vez que proyecta Eisenmann, tiene un terremoto en su cerebro. Un cataclismo de ideas y geometrías. Pobre.

También en aquellos días y por no sé cual camino de la red llegué al blog de Javier Armesto en la Voz de Galicia, quien una vez más se escandalizaba de las noticias que produce esa monstruosidad de monte de edificios (Ciudad de la Cultura lo llaman) que Eisenman lleva construyendo en Santiago desde hace tiempo y por el que ha cobrado (el dato me lo facilitó el propio Javier Armesto) nada menos que 9,5 millones de euros. Rico, rico.

Fijaros en la proporción del cascote gallego: ocupa casi tanto espacio como la almendra original de todo Santiago.



El monte de Eisenman es una rica mina de Cascotes. Mas que un terremoto parece que es una cordillera que emerge. Dejo aquí dos enlaces sobre noticias relacionadas con el “suceso”

Presupuesto

y

Teleférico

(noticia esta última que me recuerda al teleférico a la Biblioteca España en Medellín, ah ah ah)

Bueno pues eso, que aquí os dejo con algunas imágenes del Monte del Caos que los taifas gallegos encargaron a Eisenman (por cierto, muy amigo de Moneo, dicen) y que espero que no nos hagan olvidar que en Santiago hay otro lugar mucho más modesto y sagrado llamado Monte do Gozo.








¡Ah! lo de cosmólogo se lo he puesto porque en el debate al que hacía alusión arriba trataba de convencer a Alexander sobre no sé qué cosmología del caos. O sea, cosmología del Caoscote.

miércoles, 27 de mayo de 2009

114. VALENCIA, Museo de la Ilustración, Vázquez Consuegra



Ahora que me doy cuenta, lo único que ha cambiado desde que escribí este artículo para elhAll (septiembre del 2004) es el soporte. El papel se ha convertido desde entonces en el reducto de los privilegiados, los pringados, los que detentan el poder. Al publicarlo ahora en esta web llamada Cascotes creo que cobra un nuevo sentido. No sé cual, pero mis sensaciones son bien distintas. Ahora tengo la sensación de que el papel se ha desprestiagiado en los últimos cinco años tanto como la arquitectura en todo un siglo.

Esta es la LOCALIZACIÓN del edificio en cuestión.





CONSUEGRADO
por Juan Diez del Corral

Consuegra es un arquitecto consagrado. No hay más que leer las alabanzas de Vicente Verdú en el artículo que abre el catálogo de la exposición que ha ofrecido en septiembre el COAR o el exaltado panegírico que le dedica un tal Javier García-Solera (parece que arquitecto) en el artículo que lo cierra, para darse cuenta de que estamos ante un santo de la arquitectura contemporánea española. Por no hablar del brillante currículum vitae que se incluye en el mismo. Así lo debieron de entender los jóvenes arquitectos de nuestro colegio que casi llenaron su habitualmente semivacía sala de conferencias cuando el pasado 16 de septiembre el consuagrado bajó de los cielos del papel couché -y de sus letanías laudatorias- y vino a Logroño a contarnos sus milagros.

Confieso que es un espectáculo que me apasiona, uno de los mejores espectáculos que se puede contemplar en provincias: ver a los santos venderse a sí mismos como mercancías teológicas por las salas de pueblo. El impudor en aceptar la publicidad que le dan las exposiciones, artículos y presentaciones, resulta conmovedor; y el silencio del respetable ante la endeblez de sus discursos tiene más morbo que cualquier programa de la tele. Guardaba yo en el recuerdo la presencia primaveral en nuestra Escuela de Arte de esa viejecita llamada Bernardo Atxaga como el mejor espectáculo de este género en el presente año, hasta que el solemne discurso sobre el lugar, la arquitectura de cuerpo y mestizaje (?) de Vázquez Consuegra me ha puesto en duda sobre el number one de la temporada.

Lo peor de todo es que llevé a mi hija al espectáculo sin darme cuenta de que los jóvenes necesitan santos y referencias. La pobre se aburrió como una ostra ante lo vacío del discurso y salió hecha un lío entre la pose del artista y el descreimiento de su padre. Me sentí verdaderamente culpable del fregao en que la he metido. Con lo bien que se lo pasaría coleccionando hierbajos o piedrecitas de haberse puesto a estudiar botánica o geología....

El problema es que meses antes habíamos ido juntos a ver en Valencia el Museo de la Ilustración de Consuegra y allí comentamos todas sus formas, detalles y contenidos hasta concluir lo disparatada que es la arquitectura que en estos momentos esta pasando a la Historia (ver muestras en el reportaje fotográfico). Por eso que, más que nunca, era obligado en este caso conocer al personaje que estaba detrás de la obra.





 En el estupendo vino cena que es costumbre en nuestro Colegio después de las conferencias, el decano me presentó al conferenciante y haciendo abuso de la cortesía le pregunté que cómo se había prestado a hacer un Museo de programa tan vacuo como el de la Ilustración de Valencia. Su respuesta fue tan contundente y clarificadora de lo que es la arquitectura consuagruada de nuestro tiempo que no puedo resistirme a compartirla con mis lectores: "no he vuelto a entrar en el edificio desde que se entregó, no he visto cómo se ha montado el museo, y no me interesa lo más mínimo".







Es difícil encontrar una expresión tan perfecta de eso que se da en llamar la arquitectura ensimismada. Una arquitectura que se ofrece una y otra vez como un enorme objeto escultural ocupando espacios privilegiados de la ciudad y costando una porrada de euros a mayor gloria de su autor.





Como el diálogo cortés con Consuegra ya no podía seguir, mi cuestionamiento público es obligado: ¿cuándo diablos vamos a empezar a entender que la arquitectura no es un gran objeto escultórico puesto en medio de la ciudad para dejar atónitos a los ciudadanos y contentos a los turistas? Por favor, la escultura tiene su lugar en la arquitectura como mediadora entre la escala arquitectónica y el hombre así que ya vale de gigantescos ejercicios escultóricos y de fotografías de edificios prístinos y vacíos. ¿Cómo se puede desmarcar uno con despecho de la arquitectura virtual (en todo caso abierta a sus diferentes materializaciones) para caer en la construcción de una arquitectura torpe, pesada, y cerrada en sí misma, a base de un reducido lenguaje de fríos muros de hormigón, rampas desoladas o pérgolas en eterna espera de las bugambillas? ¿se creerá Consuegra que por romper sus edificios para hacer pasadizos peatonales que conecten más o menos con calles adyacentes ya se puede llamar a eso "arquitectura con una gran vocación urbana y de lugar"?

Y eso por no hablar de la confusión de significantes que muestra su arquitectura en connivencia con lo más granado del actual panorama nacional: hubo una foto de una fachada del museo naval de Génova que parecía sacada, tal cual, del edificio de la Maternidad de Moneo en la calle O´Donell de Madrid. Puro estilo raya cristal. ¿A eso se llama arquitectura nacida del lugar?



Ya vale de hablar del lugar con tanta frivolidad, hombre. Un lugar no es el espacio en que se asienta la obra de arte de un iluminado sino un denso tejido de huellas humanas que se construye con las intervenciones de los hombres cuando éstos no tienen puestas sus miras en el éxito de los concursos, en la publicación de las revistas de papel couché o en su inclusión en la Historia. Un lugar es un espacio en el que los hombres viven y están día a día con la comodidad con que se lleva la ropa, y no un espacio en el que inventar recorridos quebrados y desolados rincones a mayor gloria del minimalismo abstracto o de la fotografía arquitectónica. A la vista del barrio en que se inserta, decir que un museo como el de Valencia es una obra pensada desde el lugar daría verdadera risa si no fuera por el daño que le hace. Un daño en el que, todo hay que decirlo, Consuegra no es más que una pieza de la cadena de despropósitos que se hacen por la ausencia de una teoría de la arquitectura mínimamente sólida. En todo caso, la pieza estelar, la más notoria. La que más llena nuestra sala de conferencias y más contento tiene a los periodistas de arquitectura que no entienden nada.

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Nota de la Redacción sep2015: me faltaba por contar que por este artículo, el COAR tomó la decisión de echarme de la dirección de elhAll y a la postre, del Colegio de Arquitectos.


martes, 19 de mayo de 2009

113. VITORIA, Casco Viejo, Museo, Mangado



Esta cosa con dos marcianos buscando la entrada es la última genialidad que el PRESTIGIOSO arquitecto hispano-japonés Manga Do, supuestamente de Pamplona, ha construido para adornar Vitoria.

La periodista o arquitecta (tanto da) Silvia Carnedo, que lo presentaba a los sufridos lectores de ElPaís Viajero decía de él hace unos días: “Materiales nobles utilizados con acierto que conviven en armonía con las vetustas piedras del entorno”, y como es una chica con carrera (sea la que sea) pues ella sabrá lo que dice.

La última vez que estuve paseando por el Casco Viejo de Vitoria estaba lleno de abertzales afines a terroristas, así que me hago una idea del efecto de ambiente. Aquí el plano y la localización para quien se anime a acercarse al bicho. Responde al nombre de BIBAT.

jueves, 14 de mayo de 2009

112 TARRASA, Barcelona, España. Edificio de la Curia



Pocos ciudadanos son los que se llevan las manos a la cabeza ante los Cascotes que están cayendo, pero haberlos, haylos, escondidos, claro está, en la maraña de la red. El otro día, así, como por casualidad, encontré en un blog de hace dos años a un tipo pidiendo socorro ante el edificio que pretendía construir la curia en su pueblo. Y puso este fotomontaje, sacado seguramente de alguna presentación del proyecto en la prensa.

Me ido con google hasta el lugar a ver cómo iban las cosas por allí pero me he encontrado aún con el solar vacío.




No sé si se habrá construido tal y como amenazaba, pero si alguien puede enviarnos una foto real del edificio acabado a los amantes de Cascotes, le estaríamos muy agradecidos.

¡Hay que ver cómo está la Curia!

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Nota de la Redacción sep2015: efectivamente, el chirlo fue engendrado. De entonces para acá apareció Google Street View y lo podemos ver tal que así, con un paramal de encementado delante:





viernes, 8 de mayo de 2009

111 LA CORUÑA, Palacio de Congresos



Ricardo Bofill es una fuente inagotable de Cascotes.
Este último que he encontrado, así, por casualidad, está en La Coruña y data de 1989.
La Postmodernidad fue un inmenso Cascote generosamente repartido por todo el mundo.
Y por lo visto unos post atrás, un Palacio de Congresos construido en España durante los últimos treinta años es todo un Cascote en potencia.
Bofill + Postmodernidad + Palacio de Congresos, una combinación perfecta.

Las fotos las he tomado del siempre sapientísimo Google Earth y sus no menos santos colaboradores.



La localización exacta es ésta


Es curioso que la mayor parte de las fotos colgadas en el GE se centran en captar la cascada artificial construida al lado del Palacio, adornada con farolas chupa chups y jardineras orinales.




La vista desde el “palacio” a la ciudad, tampoco es manca. Y si alguno se detiene a curiosear en los edificios y manzanas de la calle Costa Rica, justo en torno de la torre que se ve en la foto, puede que obtenga índices de densidad realmente escandaculares.


viernes, 24 de abril de 2009

110. VALLECAS, Madrid: nueva vivienda social



Me puse a escribir sobre las viviendas de protección oficial al final del LHD (véase VPO I, VPO II y VPO III) pero en aquella época estaba algo cansado de escribir y no seguí con el tema, dejando en el tintero la fatal influencia que las viviendas de protección oficial han ejercido sobre la configuración de la vivienda contemporánea y sobre nuestras ciudades en general.

También escribí en el LHD una nota sobre las viviendas de San Chinarro y su entusiasta arquitecta colaboradora: EL SUEÑO DE TRIUNFAR.

Acerca del tema de la “nueva vivienda” publiqué un Cascote Monumental, el número 70: ARQUITECTURA VIVA, VIVIENDA NORMAL

Pero en todo caso mi primera gran carga contra la “vivienda moderna y social” fue la crítica a las viviendas de Saenz de Oíza en la M-30 con la que me jugué el puesto de comentarista de arquitectura del Babelia para el que me habían tentado: EL PATIO DE MIL CASAS NO ES PARTICULAR.

La mayor compensación para alguien que cree que la arquitectura contemporánea sólo tiene cura a través de la crítica y para quien no ha dejado de cosechar incomprensión con el ejercicio de la misma, es encontrarse de tanto en tanto con algún texto crítico, o cuando menos irónico como el que aquí enlazo: VIVIR EN VALLECAS.

El blog de Enrique, que así dice llamarse su autor, es un mix de erotismo, música, biografías de personajes curiosos y, mira por donde, también arquitectura. Entre chicas provocativas y música estupendísima, Enrique suele incluir en su blog elogiosas reseñas de arquitectura histórica española, actividad no muy frecuente entre los arquitectos españoles. Enrique no es arquitecto, claro, y es lógico que se ampare en la garantía que da la historia antes que aventurarse a criticar la arquitectura contemporánea. Por eso, en su paseo por la moderna Vallecas, más que escandalizarse, prefiere manifestar sus dudas, lo que es del todo sensato y razonable.

A mí, sin embargo, todo el material que aporta en su último comentario me parece digno de figurar en este blog y aunque no me traiga para aquí más que una de sus fotos como ilustración de cabecera, os invito a hacer con él su singular cascopaseo por la nueva vivienda social de Vallecas y hasta escuchar la desgarradora canción del grupo heavy local con que lo “adorna”.

miércoles, 8 de abril de 2009

109. ORACION DE SEMANA SANTA



CASCOTE nuestro de cada día
veámoslo hoy,
que nos perdonen por nuestras ofensas
así como nosotros perdonamos
por lo que nos ofenden,
pero no caigamos en la tentación
y librémonos de más
Amén






martes, 7 de abril de 2009

108 BARCEL ITO. Paseo de Desgracia




Millán Garrido y su amiga Cristina (¡vecina de Rivas Vaciamadrid nada menos!) declarados sufridores del cascotismo me envían este Cascote recién inaugurado en Barcelona con la presencia y bendición del alcalde de la ciudad (no es para menos).

El amor por Gaudí formaría por sí sólo un gran capítulo en el inmenso diccionario de Cascotes, desde Vera en Almería (ver Fin del LHD) hasta lo más alto del japonesismo malabarero que.... promete un siglo más “orgánico” ja ja ja ja.

http://www.lavanguardia.es/cultura/noticias/20090318/53662549755/inauguran-ante-la-pedrera-unos-apartamentos-de-lujo-disenados-por-toyo-ito.html

La presencia del alcalde en la inauguración me temo que tendrá que ver con el atasco diario de japoneses haciendo fotos a la Pedrera, que está justo en frente. Ahora los japoneses se repartirán en dos grupos, unos a la Pedrera y otros su Toyo Ito amante de Gaudí, y los peatones circularán mejor por el Paseo de Desgracia.

Jaime Allende, entrañable arquitecto y amigo de Bilbao me preguntó un día qué como me imaginaba yo a los marcianos. Ante mi cara de asombro y mis gestos de duda me respondió que me imaginara un japonés y asunto resuelto. Yo protesté porque siempre he tenido cierto respeto a la arquitectura tradicional japonesa pero desde que Tadao Ando, uno de los pocos arquitectos actuales japoneses que parecía beber en sus fuentes tradicionales, se ha dedicado al origami, le doy toda la razón a Jaime. Mirad si no el Cascoando que nuestro corresponsal en Japón, Carlos Cevallos nos manda desde allí. ¿Un Gaudí en Japón? ¿un Ito en Barcelona?

Será por la Alianza de las Civilizaciones....

Con el google calles he ido hasta el paseo desgraciado y me he bajado la foto de las obras de este Cascote. Genial: el toldo del andamio representaba una fachada “tradicional” de maestro de obras: imagino que para el aplauso de la caida del telón, ja ja ja.


lunes, 30 de marzo de 2009

107. BILBAO, aeropuerto, Santiago Calatrava



Desde que a los trenes les pusieron ventanillas de cristal fijo las despedidas de los familiares han perdido emotividad y belleza. El ser querido, ya acomodado en su asiento, trata de decir una última palabra a quien se ha quedado en el andén -o viceversa- y ambos mueven los labios y las manos a los dos lados del infranqueable cristal con gestos de incomprensión. En seguida se dan cuenta de lo ridículo de la escena, y la tradicional belleza de los rostros en el momento de una despedida se torna en muecas de desánimo ante el muro interpuesto. El último gesto de una despedida con cristal por medio consiste en llevarse la mano a la oreja como sosteniendo un auricular y marcando un número: no han acabado dos seres humanos de separarse y ya están prometiéndose llamar por teléfono para decirse eso último que el cristal fijo de la ventanilla les impedía oír. No me ha tocado aún contemplar la escena en que ambos tengan un “móvil” a mano pero estoy seguro que ya se da y además me la imagino: la he visto en aquellas películas que muestran las visitas de los familiares a los reclusos en las prisiones de máxima seguridad.

Pero la fealdad no parece tener límites. El otro día estuve en el flamante aeropuerto de Santiago Calatrava en Bilbao a recibir a una hija y contemplé un escenario mucho más siniestro todavía. El archipremiado y académico arquitecto-ingeniero-escultor valenciano-suizo ha dispuesto (junto a los promotores del edificio /yo nunca me olvido de la responsabilidad de éstos por muy anónimos que sean) que quienes vayan a recoger a sus seres queridos en el nuevo Sondika deben sufrir la espera del tiempo que ellos se hayan dado a sí mismos llegando antes de la hora prevista de llegada del avión, más el de la habitual demora de los propios aviones, ¡en la p. calle!, disfrutando de las habituales corrientes de aire que soplan por allí y de la hermosa vista del aparcamiento de coches:





ó que si no aguantan la corrientes de aire del aeropuerto y no les gustan las fachadas tecnológicas de los edificios de aparcamientos, puedan gozar de un vistazo previo de sus familiares a través de los cristales de una alargada y desolada cueva que ofrece “espléndidas” vistas sobre el espacio en que los viajeros se agolpan a recoger las maletas de las cintas transbordadoras.



Como el avión de mi hija traía bastante retraso y no podía aguantar ni el frío de la calle ni la tristeza de la lúgubre cueva con vistas a las cintas de equipajes, subí al piso superior con la esperanza de encontrar un lugar desde el que pudiera ver el aterrizaje de los aviones (y en especial el de aquel que traería a quien yo esperaba con navideña ilusión). Dí con la gigantesca sala que es objeto de tantísima admiración arquitectónica y supuse que buena parte de los esfuerzos del arquitecto habían estado destinados a festejar el tránsito del viajero que se marcha. La gran sala tiene forma triangular y su techo se eleva hasta una altísima ventana doblemente triangular que le enseña el cielo a donde va a ir en breve. En los dos lados del triángulo que se encuentran de frente según se entra, están los mostradores de facturación de maletas y en el fondo del embudo que forman ambos mostradores debiera estar el acceso a la zona de embarque, aunque cuando yo estuve, había allí un automóvil Volvo subido en un escenario como si fuera objeto de alguna rifa.




Detrás del Volvo, aunque algo desplazados del solemne eje central y confusamente dispuestos entre empalizadas de cristal, estaban, en efecto, los accesos a una aerodinámico corredor todo acristalado con vistas a la pista de aterrizaje pero, para mi decepción, sólo los viajeros que embarcaban tenían derecho de acceder a él.



Así que debe ser ahí, detrás del Volvo -pensé-, donde se producen las asimétricas despedidas que por un lado llevan al viajero a lo mejor del aeropuerto (esa ventana que se asoma al grandioso espacio donde aterrizan y despegan los aviones) y que por otro, dejan desamparado al acompañante sin otra opción que irse a una cafetería colocada incómodamente en un rincón del gran triángulo desde donde ver a medias algo de la pista por entre los pilares y transparencias del corredor de embarque.



Yo me fuí allí, claro está, a pesar de que ya me imaginaba que un cortado me iba a costar lo que un menú del día en un restaurante normal; pero no sé si por la forma en punta del lugar, si por el conflicto entre las mesas puestas junto a los ventanales con la gente que quería ver por ellos, o si por el sofocante aire acondicionado que contrastaba con el frío de la calle, el caso es que tampoco pude sentirme allí mínimamente a gusto. Al salir del rincón de la cafetería y volver a la gran sala que no era para mí experimenté una vez más el “síndrome del cuartel”, a saber, la horrible sensación que provoca una arquitectura especialmente diseñada para que ningún soldado pueda sentirse tranquilo en ninguna parte; y entonces pensé que, en efecto, estaba nuevamente en una arquitectura del poder, una arquitectura inhumana, no pensada, ni por asomo, para gentes que van a despedir o a recibir a los viajeros.

Los grandes arquitectos de nuestros tiempos como Moneo, Calatrava o Ghery, son efectivamente los arquitectos del poder, unos personajes que viajan incesantemente en aviones por todo el mundo atravesando aeropuertos en los que seguramente nadie les despide con un mínimo de cariño o emotividad. Salen corriendo de un taxi (o de una limusina) y se dirigen al embarque (o a su sala de VIPs). Allí esperarán inexorablemente al avión unos pocos minutos y, entre llamada y llamada telefónica con el móvil pegado a la oreja, acaso se regalen la vista a sí mismos con una mirada hacia el estupendo espacio de la pista de aterrizaje, observando de reojo y como con desdén la siempre fascinante maniobra de despegue o aterrizaje de los aviones. Al llegar al aeropuerto de destino no esperarán ni al equipaje porque, como expertos viajeros que son, llevan mínimos maletines de mano; y es de suponer que tampoco nadie a los que les unan unos mínimos lazos sentimentales les esperarán en la puerta de salida. Un taxi, y al hotel o al centro de negocios de la ciudad.

A la hora de diseñar las nuevas arquitecturas para viajeros, los grandes arquitectos del poder deben tener en mente esa manera de moverse por los aeropuertos que ellos experimentan, por lo que la máxima atención de sus proyectos se centra en diseñar grandes gestos simbólicos que satisfagan el ego de los políticos que los inaugurarán y la sed de imágenes novedosas de los medios de comunicación. Las masas de votantes y de consumidores de imágenes celebran ese tipo de invenciones con evidente desprecio de sus propias necesidades, como siempre han hecho los fieles del poder. Mientras se pelan de frío en el nuevo Sondika esperando a un familiar, las gentes comentan con entusiasmo que el edificio del nuevo aeropuerto se asemeja a una gran paloma y que la torre de control que está enfrente es como un halcón.



Cuando al fin sale el viajero que esperábamos vienen los besos, abrazos y hasta las lágrimas de emoción y por un momento nos olvidamos de la desolación, de los pajarracos, de las semejanzas y del frío. Empujamos eufóricos el carrito de maletas hacia el aparcamiento de coches y...y... pero ¡diablos! ¿qué pasa aquí?. Intentamos alcanzar la pasarela que une la terminal y el parking por entre una rampa en ese y unas aceras sin rebajes y nos damos cuenta, ¡maldita sea!, que estamos otra vez perdidos. Se ve que hay que pasar por un tunel inferior, pero desgraciadamente no podemos bajar el carrito por las escaleras.



Tendríamos que regresar al aeropuerto y dar con los ascensores que bajan al pasaje de marras a velocidades de solemne procesión, pero ya para entonces no me queda más paciencia. Me echo las maletas al hombro y nos llegamos hasta el coche arrastrándolas como podemos, pues en ese punto de mi estancia (como en este punto de la narración) ya no tengo otro deseo que largarme cuanto antes del maldito aeropuerto del celebrado arquitecto y olvidarlo en lo posible para siempre jamás.


(Con el título de ARQUITECTURA PARA VIAJEROS publiqué este artículo en ElhAll n56, de enero 2001, ilustrado con la foto del Doctor Loyola que lo abre también aquí. Su publicación actual en el blog me permite poner las cuatro fotografías que hice en aquella ocasión (las de peor factura técnica) y añadir unas cuantas más tomadas de Google Earth que encajan a la perfección con la descripción que hice entonces y de la que no se he variado ni una coma. A modo de ubicación, la foto aérea de google earth que muestra la conjunción entre el viejo y el nuevo aeropuerto completa esta entrada).