viernes, 27 de noviembre de 2009

122. BOLARDITIS

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En el Cascote 63 saqué las nuevas calles abolardadas (que no arboladas) que Gallardón se gasta en la capital y que todos los alcaldes del reino tienen a bien imitar. Vistas desde la perspectiva de la seguridad vial el asunto es bastante más trágico y por eso nuestro infatigable amigo Luis Xumini ha emprendido una campaña contra los bolardos a la que me sumo de mil amores.

Abundando en el material gráfico, y como los catalanes tienen que dar la nota en esto del diseño, el verano pasado fotografié en Figueras estos ingeniosos bolardos para hacerse el harakiri.

Os dejo con el texto de Luis Xumini y dos de las primeras reacciones al mismo.




Luis Xumini

Vienen aumentando los lesionados, inválidos y muertos por los bolardos en toda España dada la moda imperante en los municipios (esta semana he tenido conocimiento de otro que está en UVI y veremos si logra salir), igual que ha sucedido con los badenes, "lomos de burro", resaltes y demás dispositivos saltables, rascables, subibles y bajables, que los municipios han plagado las vías urbanas de ellos sin prever las consecuencias y sin competencias para hacerlo. Los bolardos tienen una capacidad letal y lesiva importante tanto para los peatones como para los ciclistas y motoristas.

Ilegitimidad del riesgo y los muertos por los bolardos.

Publicado en http://www.accidentologiavial.net

Se trata de un artículo que se ha dividido en cinco partes para que el lector se sitúe mejor en el contexto y tenga argumentos.

1. El problema creado con la instalación masiva de bolardos.
2. El problema de la inseguridad vial urbana que se agrava.
3. La incorrección técnica de los bolardos.
4. La ilegitimidad de los bolardos.
5. Conclusiones.


Puede descargarse en PDF pinchado aquí: http://luism.xumini.googlepages.com/RiesgosyMuertosdelosBolardos.pdf

Os acompaño una de las fotos del artículo que es elocuente, su viuda de venti pocos años no deja que falten flores, lo que parece que no dice mucho a los técnicos municipales. La otra es una obra de arte innecesaria e inútil, preparada para cazar peatones, ciclistas y motoristas entre la pintura deslizante, la rampa y los bolardos.

Se me olvidó decir que los ciegos llaman a los bolardos "cazaciegos"; pocos hay que no lleven marcas de los golpes y caídas por los bolardos, por los arquillos y por las vallas de "protección" peatonal. Además hay quien en 2007 ya postulaba que los bolardos "encubren una presunta malversación de fondos municipales"
En: http://www.20minutos.es/carta/298403/0/bolardos/previstos/alguno/


Testimonio de Mercedes Huertas

MERCEDES HUERTAS | Sant Cugat del Vallès | 16/11/2009 | Actualizada a las 01:41 Entiendo y comparto los sentimientos que expresa Jordi Masgrau en su carta "Pilones metàl·liques" (12/ XI/ 2009). Mi hermano falleció en marzo tras golpearse con un bolardo de acero instalado en una acera de Barcelona, como consecuencia de un accidente de moto provocado por la imprudencia de un peatón.
Para tomar decisiones, no caben muertes. Las decisiones que toma nuestra Administración deberían ser el resultado de un trabajo bien hecho, donde se calculen las consecuencias colaterales. Me sumo a su petición de retirada o cambio de material de los bolardos, que se siguen instalando masivamente, en espera de conseguir que las muertes de Marc y Agustín no resulten anónimas. [Más que anónimas son absurdas e innecesarias para el funcionamiento, las funciones y el uso del sistema viario, un dispendio humano disparatado por no pensar en la seguridad de las personas y estar ciegos ante lo que está demostrando la realidad todos días].


Testimonio de M Zarrabeitia:

M. ZARRABEITIA.
Los bolardos no están previstos, en modo alguno, para evitar que aparquen los coches. En el código de circulación ni siquiera aparece la palabra bolardo. Son obstáculos físicos a las personas, a los discapacitados y, sobre todo, a los invidentes; son propios de una ciudad inculta y sin ley. Están prohibidos en espacios de uso público de las personas.

Claro que una ciudad sin ley es en la que hay que poner bolardos para que no aparquen los automovilistas desaprensivos. Los bolardos incumplen la normativa vigente en favor de los discapacitados, son ilegales y, además, encubren una presunta malversación de fondos municipales, como es gastar dinero en lo que nunca se debe hacer

lunes, 9 de noviembre de 2009

121. SUPERESTRUCTURAS DE INFRADISEÑO

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En diciembre del 2003 publiqué en elhAll n76 uno de mis artículos más novedosos en cuanto a crítica arquitectónica y urbana por cuanto no se dirigía contra el diseño de los edificio sino el de las infraestructuras. Creo que algún tiempo después rehice el texto para su publicación en la desaparecida revista Archipiélago, pero no lo encuentro ahora en su versión digital. Como el paisaje urbano y periurbano se sigue haciendo añicos (cascotes) a pasos agigantados por el pésimo diseño de las infraestructuras, lo rescato en este blog para que esté accesible vía internet. Es un texto para papel, es decir, algo más largo de lo que acostumbro a escribir para los blogs, pero espero que se pueda seguir hasta el final sin mayor dificultad. Completo la documentación con dos imágenes más tomadas de google earth: la del nudo de la Estrella, del que tanto se habla en este artículo, y la de la obra ya construida de la variante de Tirgo conforme al proyecto presentado en su día en la prensa, que lo motivó.

La forma de la ciudad, y hasta la del territorio son, cada vez en mayor medida, las propias formas de las infraestructuras del tráfico rodado, pues dado el tamaño cada vez mayor de éstas y su prioridad en la jerarquía funcional de la ciudad o del territorio, hace tiempo que los puentes, autovías, circunvalaciones, cruces, señalizaciones, rotondas etc. etc. han dejado de ser meras “infra” estructuras para convertirse en verdaderas “super” estructuras formales configuradoras del paisaje urbano.

Sorprende por tanto la poca atención que la sociedad en general o la crítica arquitectónica y artística en particular les dedican en cuanto a su diseño, como si por el hecho de que fueran estrictamente “funcionales” no estuvieran abiertas a la creación formal, o por el hecho de que por ser profesionalmente competencia de los ingenieros quedasen al margen de la cultura del proyecto. Una cultura que, -me adelanto a señalar-, no debemos creer que tiene que ver solamente con los aspectos estéticos del proyecto sino, tal y como voy a tratar de demostrar en el presente artículo revisando algunas obras reciente en Logroño y La Rioja, con la propia resolución de los problemas funcionales.

La cultura del proyecto, es decir, la de la creación humana que se formula como respuesta a un programa de necesidades y que se constituye en base a una serie de propuestas que inmediatamente entran en un proceso de ajuste, desarrollo y debate interno, entre otras cosas porque la propia propuesta formal se dialectiza de inmediato con el programa de necesidades previo, es una cultura que, hay que decirlo con la mayor tristeza, parece que solo es patrimonio de la disciplina de la arquitectura, y por supuesto, no de toda, sino de una muy pequeña parte de ésta (y por supuesto, para nada de esa arquitectura de las revistas de moda que procede con las mismas estrategias que las obras de la ingeniería). Cierto es que la mayor parte de la producción arquitectónica de nuestros días no difiere en sus procesos de la ingeniería más alejada de la cultura del proyecto pero, como digo, la esencia de la cultura del proyecto no hay que ir a buscarla en los arquitectos de relumbrón (auténticos maestros de la ingeniería de las relaciones con los mass media) sino en los pequeños actos que, cada arquitecto que no haya olvidado lo que se le enseñó en la escuela, pone en práctica de tanto en tanto en su cotidiano trabajo de creación.

Pero vamos con la simple aplicación del método del proyecto a algunas obras recientes de la ingeniería de calles y carreteras en nuestra provincia para ver hasta que punto se hace necesaria su aplicación.

Por ejemplo, y para empezar, analizaremos el caso del diseño de rotondas. Sería interesante para la historiografía local saber quien fue el político o el funcionario riojano que descubrió en algún viaje por Europa la utilidad de las rotondas en los cruces de calles y carreteras y el entusiasmo con que las aplicó en nuestra tierra, y no tanto para aplaudirle como para decirle que todo diseño que pretenda resolver un problema, no sólo posee una forma geométrica concreta, sino también unas determinadas proporciones que, de ser transgredidas, ya no sólo no resuelven el problema original sino que crean otros nuevos aún peores que los que pretendían solucionar.

Tal y como expuse en un viejo artículo sobre el transporte urbano (Ciudad y transporte, el caso de Logroño, rev. Archipiélago n. 15-16), la rotonda es un diseño estupendo que resuelve el cruce de carreteras según el lógico principio de que para dar fluidez a un cruce donde llegan muchos vehículos desde cuatro vías distintas, no hay más que ceder el paso al que ha llegado antes que tu. Un principio que se aplica en Nápoles sin necesidad de las rotondas, pero que franceses, alemanes o ingleses, parecen incapaces de entender sin una formula indicativa y organizadora de por medio. Esa fórmula, la rotonda, resuelve el problema de las prioridades cuando sus dimensiones tienen determinadas medidas, pero cuando esas medidas se sobrepasan, dando lugar a círculos gigantes con dos o más carriles, el problema no es que se solucione sino que se multiplica. La rotonda se convierte entonces en una nueva vía rápida de circulación para el que ha entrado en ella, con el consiguiente peligro para el que se quiere incorporar, así como una vía cortísima para quien quiera maniobrar entre carriles, viéndose forzado a cruzarlos en peligrosa diagonal. Y si a ello le añadimos unas barandillas que impiden la visibilidad desde ciertas vías cuando te acercas a la rotonda (como en la de circunvalación con república Argentina o con avenida de Madrid) o una jardinería de arbustos (en varios casos), o unos descentramientos de ejes que parece que la rotonda es tu propia vía (como en la rotonda de circunvalación con la carretera a la Estrella viniendo de Pamplona), hay que decir que la mayoría de las rotondas que se han construido (que no diseñado) durante los últimos veinte años en Logroño son un verdadero despropósito ante el que los arquitectos (o los que quieran debatir a fondo sobre los proyectos) no podemos quedarnos cruzados de brazos sin por lo menos alzar la voz.

Podría ser que los ingenieros dieran escasa importancia a las rotondas en cuanto a su diseño por ser para ellos poco menos que asuntillos sin importancia, y que todo su empeño se hubiera volcado en resolver cuestiones mayores como, por ejemplo, la gran trama de embarques y desembarques que plantea la gigantesca circunvalación con que trató de resolverse el conflictivo nudo de la estrella, pero si analizamos fríamente todo el lío de entradas y salidas de la circunvalación no ya sólo en ese cruce sino en los que le anteceden por el oeste, comprobaremos que la obra más cara de la historia de la Rioja ha sido también la más torpe en diseño y la más confusa en su resultado. Y es que después de un par de años en funcionamiento, los únicos que deben saber cómo se sale de Logroño hacia Zaragoza han de ser forzosamente los que no son de Logroño o los que no tienen sentido de la orientación; y los que acierten a entrar en Logroño por la rotonda y vía que tenían pensada, se han que sentir como si les hubiera tocado la lotería.

La razón de tal calamidad es plantear una circunvalación de alta velocidad en la que para evitar la coincidencia de entradas y salidas en cada tramo entre intersecciones, desde Alcampo hasta la Avenida de Madrid éstas se resuelven haciendo una de entrada y otra de salida, con el consiguiente lío y despiste para quien trate de maniobrar; y desde Avenida de Madrid hasta la carretera de la Estrella se duplican innecesariamente por arriba y por debajo, despistándote nuevamente. Llegando de Zaragoza todavía no he conseguido coger la Avenida de Lobete, aunque no desisto de ello y confío en que algún día lo logre, aunque entrando a Logroño desde la Estrella ya he desesperado de querer entrar por Lobete para ir directamente de un hospital a otro, y me doy por perdido.

Todas esas vueltas y revueltas en salidas y entradas que te obliga a hacer el pésimo diseño de la circunvalación ultrarrápida, no sólo supone un consumo de espacio impresionante (aunque se pinte de césped y se compute como nuevas zonas verdes de la ciudad....) sino que acaba por colapsar las entradas priorizadas, de modo que la rotonda de la circunvalación con Chile ya empieza a ofrecer notables atascos en varias de sus bocas.

De haberse estudiado un poco más a nivel de diseño ¡con todo el presupuesto que se le había destinado! (y ahora se me entenderá que no hablo de diseño de ornamentación y embellecimiento, sino de “diseño estrictamente funcional”) la homogeneidad de la trama urbana en su encuentro con la circunvalación, no se habría cometido tamaño desatino, pero ahí lo tenemos desorganizando a otra escala el trasiego de Logroño entre los tres hipermercados como si de una destartalada y nueva Gran Vía Juan Carlos I se tratara.

Por no extenderme mucho y acabar con las circunvalaciones, recientemente he visto publicado en el diario local la variante de Tirgo (reproduzco aquí la infografía) y conociendo de primera mano el tráfico de las vías de intersección no he podido sino echarme las manos a la cabeza una vez más ante la desproporción entre el problema y la solución.

En aras a la brevedad dejo sin comentar algunas obras cuya torpeza es tan manifiesta que no precisan más argumentos, como la reforma del Puente Madre con toda la fila de chupa chups a un lado, los peligrosísimos cortes a cuchillo de las cunetas de las carreteritas más estrechas a que nos tiene acostumbrados la Consejería de Obras Públicas con el estúpido argumento de que la vegetación se comería si no la calzada, por no hablar de un sinfín de cruces de entre los que el de Casalarreina ha sido tristemente célebre; y acabaré esta llamada de atención a la torpeza y estupidez del diseño de las infraestructuras con una mención especial para los dos últimos puentes “colgantes” “o cableados” (cabreantes, habría que decir más bien) de Logroño, el del Iregua y el de las Norias, profusa e ilustrativamente iluminados como si se tratase de los nuevos monumentos urbanos, y que según se puede ver aún en el primero y se pudo ver durante la construcción del segundo, todo el “cuelgue” no es más que un carísimo adornito (un “cuelgue” de los de canuto) con el que la ingeniería quiere salir en las revistas de la moda al lado de las grandes vedettes de la arquitectura. Dada la dimensión de los tableros y la economía de medios que toda arquitectura debe de intentar, es obvio que estos dos engendros han hecho del tercer puente sobre el Ebro, (justamente el que lleva al Carrefour para desdicha de los que le negaron la licencia en Logroño) una obra pública mucho más digna y sencilla, y por tanto, mucho más meritoria arquitectónicamente hablando.

Pero no nos rasguemos aún las vestiduras porque si faltas de disciplina de proyecto están las nuevas vías de la ciudad y el territorio, ¡que no podrá decirse de las superestructuras comerciales o “plazas” a las que nos llevan, en las que los ingenieros se las tienen que ver con cubiertas, fachadas, entradas y hasta decoración interior!... ¡ay! ¿no va a haber algún colaborador del hAll que abra con ellas una nueva colección de abandonados, o incluso de, “desamparados” de la arquitectura?





lunes, 12 de octubre de 2009

120. LABASTIDA, RIOJA ALAVESA. BODEGA SOTO DE TORRES




Que la arquitectura está borracha, está borracha, está borracha... (ayer murió Luis Aguilé) es tan evidente que no hace falta ser adivino para pronosticar que acabaría sus días perdida entre bares y bodegas.

El Colegio de Arquitectos de La Rioja muestra durante estas semanas una exposición de las trompas que se ha cogido en las últimas temporadas, pero como ese espectáculo no me resulta muy edificante (y nunca mejor dicho) en vez de ver esa exposición ayer me fui al Toloño, esa preciosa montaña riojana por donde se cuela el viento norte, que al decir de mi amigo Tachi es el remedio ideal contra las cogorzas.

No pude evitar, sin embargo, encontrarme con el último pedo producido por el fuerte tinto de Labastida. Una trompa, eso sí, sostenible y de integración “paisagística” (véase cartel indicativo).

Cuando me coja la siguiente cogorza, pedo, trompa, borrachera..., pienso decir que he pillado un Cascote.







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Gracias a Iagoba Ferreira Benito que la posteó el 6 de mayo del 2015 en facebook dando el enlace a esta página, descubro años después la "memoria técnica de su factura"

Creo recordar también que bien el dueño o la parte técnica de la obra, me escribió en su día algún comentario reprobatorio, pero el tiempo ha querido que se perdiera en el hackeo a mi cuenta de gmail de hace un par de años. Ventajas de los hackeos.

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Ay carallu...! Muy convencidos de la intejración paisagística de la primera solución no debían de estar los dueños porque hace unos días pasé por allí cerca (marzo del 2019) y vi que con la habían recortado los picos de sierra de la cubierta y que la habían pintado a medias con ese color marroncillo y oxidoso más de moda en las revistas de arquitectura. Mejorando lo presente, que se dice. O de resaca, vaya.

domingo, 27 de septiembre de 2009

119. BIARRITZ. Dos, y pronto, tres.

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Todo es antiguo en Francia, sobre todo las casas que se hacen hoy en día. Un tipo francés nos comentaba este verano que, a diferencia de España, en Francia no se permite la creatividad arquitectónica. Desconozco la tramoya legal de por allá pero tras mis últimas investigaciones puedo asegurar que todas las casas y pueblos que se construyen en la zona de Cataluña Norte responden al estilo de village catalán, y que todas las que he visto estos días en Euskadi Norte son de puro estilo vasco, o sea, estilo antiguas.

El problema es amordazar lo que no son casas. Junto a la playa de Milady en Biarritz, Steven Holl está construyendo en estos días un no sé qué, y dudo que le hayan traído de las américas para hacer estilo vasco. En dos años veremos el desastre.

De momento traigo aquí los dos Cascotes más notorios que se ven en la playa principal de Biarritz, piezas auténticas que le dan a esta linda ciudad el toque internacional que necesitaba.



El primero de ellos (en la foto) se asoma entre el Casino (un edificio algo desescalado pero no cascote) y el Hotel du Palais (el chalecito que se hizo construir la emperatriz Eugenia de Montijo). Parece un edificio de apartamentos y es notable el esfuerzo del arquitecto porque no parezca un Cascote. Véase como se agacha en los encuentros con las casas colindantes, como se requiebra en fachada para no aplastar y como se pinta de blanco para tratar de pasar desapercibido, pero ni por esas. Aquí, la foto aérea de GE.



El otro escalonado de ingenuo arquitecto y espabilado promotor es el del Hotel Sofitel Miramar, que está escondido más allá del Hotel du Palais pero que se ve muy bien desde el Faro:



Y ya no digamos en la vista de GE



Aunque a primera vista no lo parezca, Francia es también territorio Cascote. Hay que ir con cuidado.

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Nota de la Redacción sep 2015: fotos e incienso de alguien que llama maestro a Holl en esta web y una foto tomada de Panoramio para abrir el apetito:


sábado, 11 de julio de 2009

118. GUADALAJARA, Jalisco, México. Templo de la Luz del Mundo.

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En la fotografía parece poca cosa pero en la realidad, el edificio se eleva de forma notoria sobre el magma horizontal de la zona oriental de la ciudad de Guadalajara, (Jalisco), llamando la atención urbana y moviéndome a mí, cómo no, a la curiosidad.

Tras haber visitado el verano anterior en Polonia algunos de los monstruos modernos que la iglesia católica había construido bajo el influjo del papa polaco, y a sabiendas de que la religiosidad mexicana es proclive al kitsch y a los grandes eventos, pensé que podía tratarse de un templo católico más, pero mi sorpresa fue descubrir que era obra de una secta de la que nada sabía.




En viajes posteriores he visto cosas igual de estrambóticas en Estados Unidos o Brasil, lo que me hace pensar que con casi toda la arquitectura religiosa occidental de finales del XX (por no hablar del lado musulmán con sus mezquitas arcaizantes) se podrían llenar miles de páginas del gran libro de los Cascotes.



El templo de Guadalajara nos puede llevar a recordar el episodio histórico del gótico, es decir, el de una arquitectura a la que el imaginario religioso le llevó a perder las formas y las proporciones clásicas. Y con ello, a entender también el gran rechazo que el Renacimiento mostró sobre el gótico, -un rechazo que siempre nos pareció excesivo siglos después, considerando no sólo la belleza formal y la emoción que suscitan, sino sobre todo los indudables logros en la racionalidad constructiva, los avances de la ingeniera en piedra y la riqueza de los elementos compositivos de las grandes catedrales.

Pero obviamente los tiempos y circunstancias son bien diferentes. A finales de siglo XX las distintas religiones y sectas, con sus distintos imaginarios, tienen capacidad económica suficiente para elevar templos de gran impacto urbano, pero la arquitectura que se ha de construir sobre tan inestables cimientos e inspiraciones, tiene ya tal empanada, que el resultado no puede ser sino cascote tras cascote.



Sin ir más lejos y en el caso que nos ocupa, gracias a un banco de hierro que adorna la plaza donde se levanta este templo, se puede ver el dibujo de otro templo de la misma iglesia, que con la ayuda de google earth descubrimos en el borde oriental de la misma ciudad y que, mira por donde, hasta está dibujado en sketch up.





Creo que no es necesario comentario tipológico o estético alguno ¿verdad? Y es que, sinceramente, Cascotes prefiere buscar culpables en los grandes artistas arquitectos o en la cara dura teórica de sus teóricos escribientes, antes que en la religiosidad popular.

En todo caso, si miramos ahora en el mapa de google la zona donde se ubica el primero de estos dos templos, podemos apreciar que su influjo ha configurado también la trama urbana en el radio de varias manzanas y que la arquitectura de formas caprichosas o descontroladas ha afectado también a su entorno.




Claro que, volviendo los ojos a la historia, eso no es ya cosa del gótico, sino del barroco.


viernes, 26 de junio de 2009

117. BOGOTA, Colombia. Parque Jaime Duque, NARCOARQUITECTURA

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El edificio de arriba se parece bastante a alguno de los Palacios de Congresos provinciales que hemos visto recientemente por aquí aunque, contra lo que se pudiera pensar, no es de ningún anarcoarquitecto iluminado tratando de pasar a la historia sino de algún arquitecto desconocido puesto al servicio de los narcotraficantes latinoamericanos quienes, como todo aquel que acumula dinero o poder, han querido dejar huella de su paso por la tierra haciendo cosas grandes y bonitas, o sea, arquitectura.

Pertenece a una serie fotográfica del venezolano Luis Molina-Pantín titulada “Estudio Informal de la arquitectura híbrida, vol.1: La narco-arquitectura y sus contribuciones a la comunidad de Calí-Bogotá, Colombia”, que estuvo expuesta en el mes de enero en Madrid y de la que sólo he podido obtener algunas imágenes en internet a través de la página http://www.analitica.com/va/arte/dossier/7537754.asp
Por si no tenéis tiempo de entrar en esa página, os pongo aquí los cascotes más interesantes:


Según esa página la mayor parte de los edificios fotografiados por Luis Molina-Pantín están en el Parque Jaime Duque, que buscándolo con Google Earth está al norte de la ciudad, tal que aquí:
pero mediante las fotos de Panoramio sólo he podido localizar el castillo Maroquín.

De paso, he aprovechado para darme una vuelta por Bogotá coincidiendo con que está allí mi hija. He encontrado mucho cascote, claro, pero ya me traerá fotos hechas por ella misma y os contaré.


sábado, 13 de junio de 2009

116. MUSEO DEL JURASICO, Lastres, Concejo de Colunga, Asturias, España.



No os riáis ni os animéis, que no va de tetas ni de arquitectura sostenible (aunque diríase que un sostén es lo que necesitan estas cosas). Lo que veis arriba es un Museo construido recientemente (2004) en medio del monte, a mayor gloria de los dinosaurios, o de la cultura de los dinosaurios. Pero como dice la la wikipedia (corto y pego):

“El edificio, obra del arquitecto Rufino García Uribelarrea, es la representación del contramolde de una huella de dinosaurio tridáctila”.

Así que nada de risas. O sea que la barriga esa que se ve por entre el canal de los dos volúmenes no es el feto de una futura arquitectura sostenible sino el dedo largo del tridáctilo.

Si queréis seguir con la coña os podéis leer aquel artículo que escribí en el LHD llamado “Estilo parecido”.

Menos risas da la ubicación del edificio-huella. Construido en medio del monte, al que se accede por una costosa carretera nueva de kilómetro y pico que ya se ha hundido, ofrece al visitante un gran parking alejado del edificio (para más joder) y un montón de juegos infantiles junto al tetudo museo. Una intervención de verdadero impacto ambiental. Pero como lo han hecho los de cultura, pues mucho gusto.

Google Earth no ofrece aún ninguna imagen del cascote así que hice esta foto desde el mirador de Lastres para que se vea la monumental huella en el paisaje, no ya de los tridáctilos sino... de nuestra gloriosa arquitectura contemporánea.

martes, 2 de junio de 2009

115. EISENMAN, el cosmólogo del Caoscote









Hace unas semanas el amigo Millanga me envió un link a la web donde está publicado el debate que tuvo lugar en 1982 entre Peter Eisenman y Christopher Alexander. Ya siento no haber encontrado el enlace pero espero que pronto lo subsane Millán. Leí con detenimiento dicho debate (digo lo del detenimiento porque está en inglés y como ese idioma siempre está lleno de escollos me tuve que emplear a fondo), leí con suma atención, digo, ese debate y me quedé estupefacto ante las bobadas, pedanterías, abstracciones y chulerías que pudo decir Eisenman. No es que Alexander estuviera muy brillante, pero al menos trataba de ser sensato e inteligible. Acabado el texto, el editor comentaba (en tono bastante más cercano a Eisenman que a Alexander) que con el tiempo Eisenman triunfó y que Alexander fue desapareciendo de la escena pública. Qué consuelo…

Por esos días el amigo Carlos Zeballos publicó en su Moleskine arquitectónico algo de Eisenman en Japón (fotos de arriba) diciendo que es un arquitecto que no gusta mucho por allá, porque sus edificios les recuerdan a cómo quedan sus casas después de los terremotos (y añado yo: aunque con colorines). Lógico es pensar entonces que cada vez que proyecta Eisenmann, tiene un terremoto en su cerebro. Un cataclismo de ideas y geometrías. Pobre.

También en aquellos días y por no sé cual camino de la red llegué al blog de Javier Armesto en la Voz de Galicia, quien una vez más se escandalizaba de las noticias que produce esa monstruosidad de monte de edificios (Ciudad de la Cultura lo llaman) que Eisenman lleva construyendo en Santiago desde hace tiempo y por el que ha cobrado (el dato me lo facilitó el propio Javier Armesto) nada menos que 9,5 millones de euros. Rico, rico.

Fijaros en la proporción del cascote gallego: ocupa casi tanto espacio como la almendra original de todo Santiago.



El monte de Eisenman es una rica mina de Cascotes. Mas que un terremoto parece que es una cordillera que emerge. Dejo aquí dos enlaces sobre noticias relacionadas con el “suceso”

Presupuesto

y

Teleférico

(noticia esta última que me recuerda al teleférico a la Biblioteca España en Medellín, ah ah ah)

Bueno pues eso, que aquí os dejo con algunas imágenes del Monte del Caos que los taifas gallegos encargaron a Eisenman (por cierto, muy amigo de Moneo, dicen) y que espero que no nos hagan olvidar que en Santiago hay otro lugar mucho más modesto y sagrado llamado Monte do Gozo.








¡Ah! lo de cosmólogo se lo he puesto porque en el debate al que hacía alusión arriba trataba de convencer a Alexander sobre no sé qué cosmología del caos. O sea, cosmología del Caoscote.

miércoles, 27 de mayo de 2009

114. VALENCIA, Museo de la Ilustración, Vázquez Consuegra



Ahora que me doy cuenta, lo único que ha cambiado desde que escribí este artículo para elhAll (septiembre del 2004) es el soporte. El papel se ha convertido desde entonces en el reducto de los privilegiados, los pringados, los que detentan el poder. Al publicarlo ahora en esta web llamada Cascotes creo que cobra un nuevo sentido. No sé cual, pero mis sensaciones son bien distintas. Ahora tengo la sensación de que el papel se ha desprestiagiado en los últimos cinco años tanto como la arquitectura en todo un siglo.

Esta es la LOCALIZACIÓN del edificio en cuestión.





CONSUEGRADO
por Juan Diez del Corral

Consuegra es un arquitecto consagrado. No hay más que leer las alabanzas de Vicente Verdú en el artículo que abre el catálogo de la exposición que ha ofrecido en septiembre el COAR o el exaltado panegírico que le dedica un tal Javier García-Solera (parece que arquitecto) en el artículo que lo cierra, para darse cuenta de que estamos ante un santo de la arquitectura contemporánea española. Por no hablar del brillante currículum vitae que se incluye en el mismo. Así lo debieron de entender los jóvenes arquitectos de nuestro colegio que casi llenaron su habitualmente semivacía sala de conferencias cuando el pasado 16 de septiembre el consuagrado bajó de los cielos del papel couché -y de sus letanías laudatorias- y vino a Logroño a contarnos sus milagros.

Confieso que es un espectáculo que me apasiona, uno de los mejores espectáculos que se puede contemplar en provincias: ver a los santos venderse a sí mismos como mercancías teológicas por las salas de pueblo. El impudor en aceptar la publicidad que le dan las exposiciones, artículos y presentaciones, resulta conmovedor; y el silencio del respetable ante la endeblez de sus discursos tiene más morbo que cualquier programa de la tele. Guardaba yo en el recuerdo la presencia primaveral en nuestra Escuela de Arte de esa viejecita llamada Bernardo Atxaga como el mejor espectáculo de este género en el presente año, hasta que el solemne discurso sobre el lugar, la arquitectura de cuerpo y mestizaje (?) de Vázquez Consuegra me ha puesto en duda sobre el number one de la temporada.

Lo peor de todo es que llevé a mi hija al espectáculo sin darme cuenta de que los jóvenes necesitan santos y referencias. La pobre se aburrió como una ostra ante lo vacío del discurso y salió hecha un lío entre la pose del artista y el descreimiento de su padre. Me sentí verdaderamente culpable del fregao en que la he metido. Con lo bien que se lo pasaría coleccionando hierbajos o piedrecitas de haberse puesto a estudiar botánica o geología....

El problema es que meses antes habíamos ido juntos a ver en Valencia el Museo de la Ilustración de Consuegra y allí comentamos todas sus formas, detalles y contenidos hasta concluir lo disparatada que es la arquitectura que en estos momentos esta pasando a la Historia (ver muestras en el reportaje fotográfico). Por eso que, más que nunca, era obligado en este caso conocer al personaje que estaba detrás de la obra.





 En el estupendo vino cena que es costumbre en nuestro Colegio después de las conferencias, el decano me presentó al conferenciante y haciendo abuso de la cortesía le pregunté que cómo se había prestado a hacer un Museo de programa tan vacuo como el de la Ilustración de Valencia. Su respuesta fue tan contundente y clarificadora de lo que es la arquitectura consuagruada de nuestro tiempo que no puedo resistirme a compartirla con mis lectores: "no he vuelto a entrar en el edificio desde que se entregó, no he visto cómo se ha montado el museo, y no me interesa lo más mínimo".







Es difícil encontrar una expresión tan perfecta de eso que se da en llamar la arquitectura ensimismada. Una arquitectura que se ofrece una y otra vez como un enorme objeto escultural ocupando espacios privilegiados de la ciudad y costando una porrada de euros a mayor gloria de su autor.





Como el diálogo cortés con Consuegra ya no podía seguir, mi cuestionamiento público es obligado: ¿cuándo diablos vamos a empezar a entender que la arquitectura no es un gran objeto escultórico puesto en medio de la ciudad para dejar atónitos a los ciudadanos y contentos a los turistas? Por favor, la escultura tiene su lugar en la arquitectura como mediadora entre la escala arquitectónica y el hombre así que ya vale de gigantescos ejercicios escultóricos y de fotografías de edificios prístinos y vacíos. ¿Cómo se puede desmarcar uno con despecho de la arquitectura virtual (en todo caso abierta a sus diferentes materializaciones) para caer en la construcción de una arquitectura torpe, pesada, y cerrada en sí misma, a base de un reducido lenguaje de fríos muros de hormigón, rampas desoladas o pérgolas en eterna espera de las bugambillas? ¿se creerá Consuegra que por romper sus edificios para hacer pasadizos peatonales que conecten más o menos con calles adyacentes ya se puede llamar a eso "arquitectura con una gran vocación urbana y de lugar"?

Y eso por no hablar de la confusión de significantes que muestra su arquitectura en connivencia con lo más granado del actual panorama nacional: hubo una foto de una fachada del museo naval de Génova que parecía sacada, tal cual, del edificio de la Maternidad de Moneo en la calle O´Donell de Madrid. Puro estilo raya cristal. ¿A eso se llama arquitectura nacida del lugar?



Ya vale de hablar del lugar con tanta frivolidad, hombre. Un lugar no es el espacio en que se asienta la obra de arte de un iluminado sino un denso tejido de huellas humanas que se construye con las intervenciones de los hombres cuando éstos no tienen puestas sus miras en el éxito de los concursos, en la publicación de las revistas de papel couché o en su inclusión en la Historia. Un lugar es un espacio en el que los hombres viven y están día a día con la comodidad con que se lleva la ropa, y no un espacio en el que inventar recorridos quebrados y desolados rincones a mayor gloria del minimalismo abstracto o de la fotografía arquitectónica. A la vista del barrio en que se inserta, decir que un museo como el de Valencia es una obra pensada desde el lugar daría verdadera risa si no fuera por el daño que le hace. Un daño en el que, todo hay que decirlo, Consuegra no es más que una pieza de la cadena de despropósitos que se hacen por la ausencia de una teoría de la arquitectura mínimamente sólida. En todo caso, la pieza estelar, la más notoria. La que más llena nuestra sala de conferencias y más contento tiene a los periodistas de arquitectura que no entienden nada.

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Nota de la Redacción sep2015: me faltaba por contar que por este artículo, el COAR tomó la decisión de echarme de la dirección de elhAll y a la postre, del Colegio de Arquitectos.