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sábado, 8 de abril de 2017

439. LA FILARMÓNICA DE MUNICH Y OTROS HORRORES DE LA GRAN MUSICA




Saliendo del centro de Munich hacia el sur en busca de la A-8, y nada más cruzar el Isar por el Ludwigsbrüke, te das de bruces con un espantajo de edificio de esos que los amigos de facebook llamarían satánico, pero que la sociedad en general parece haber admitido como normales en nuestra época.


Como pasé por delante suyo unas cuantas veces pero siempre en coche y con ganas de irme a descansar a las montañas del Tirol, no tuve oportunidad  ni ganas de pararme a hacerle una foto o ver de qué iba. Me dijeron sin mucha convicción que podía tratarse de una Biblioteca, lo que encajaría perfectamente con las monstruosidades que los arquitectos han dedicado últimamente a los libros (v Cascotes 261).


Pero no. El Gasteig, que así se llama el engendro, es todo un Centro Cultural construido en 1985 que agrupa un montón de actividades, entre ellas también una biblioteca, pero el buque insignia que se esconde detrás de la gloriosa fachada que se ve al enfilar por la Rosenheimer Strasse (la de las dos fotos iniciales de este post), es el de una gran sala de conciertos sede de la Orquesta Filarmónica de Munich que... encima tiene mala acústica (leo en una web de por ahí que Leonard Bernstein aconsejó quemarlo).


Semejante descubrimiento me llevó a pensar que había yo cerrado este blog sin dedicar un post épico a las monstruosidades que los arquitectos han dedicado en las últimas décadas a la gran música, empezando por aquel silo tan cursi de Santander (v en Una Voz en un Lugar) y acabando por el que acaba de inaugurar Toyo Ito en Taiwan...


... sin olvidar las que hicieron los comunistas, como la cosa esta de Leipzig, ahhhhh,


el Calatrava de Tenerife, gluuuuup:


...lo de Bilbao, crssssssssh:


... o incluso esa cosa más fisna de Oslo, igualmente tortuosa y patética donde los seres humanos deambulan como hormiguitas perdidas en el hormigón. :


Pero como este blog está ya oficialmente cerrado y no voy a torturarme con más ejemplos que los aquí puestos o recordados, lo único que quisiera anotar una vez más es mi desconfianza hacia la "gran música", ese modo poético, el más poético de todos, que no sólo no hace mejores a los hombres sino que incluso sirve como pretexto para construir estos mamotretos. Cualquiera que haya leído algo del uso de la música clásica en los campos de concentración (v. p.e.esta referencia), o sepa de la catadura moral de quién se sienta a su lado en un concierto o una ópera, o haya "disfrutado" de las envidias, rencores, competencias y canalladas que se hacen unos músicos a otros en el interior de cualquier conservatorio u orquesta, entenderá que mi amor o afición a la gran música está velada siempre de recelo.

Es curioso que fuera gracias a este blog por lo que Luis Suñer me invitara a hacer una pequeña selección de piezas musicales para su programa Juego de Espejos de Radio Clásica. Podéis escuchar si queréis el podcast en este enlace. Buena parte de las piezas nos servirán de consuelo respecto los horrores humanos o arquitectónicos vinculados a la música, aunque una de las piezas, la que tenía más que ver con la alegría del sexo que con los dolores de la humanidad me la estropeó Luis con una mala versión y de ahí que si quieren sacar la cabeza de los cascotes y pillar un poco de alegría o esperanza tengan que irse al post de mi blog de variedades donde ponía la versión que yo había programado: SPYP 840.

Gran músico Bernstein.




domingo, 22 de febrero de 2015

310. ESTACION DE FERROCARRIL DE LIEJA



Lo de hacer la ola vale lo mismo para un parlamento que para una estación de ferrocarril. Si en el post anterior comentábamos la simplonería de la ola georgiana para un parlamento en Kutaisi, hoy toca la que nuestro Calatrava les ha endosado a los belgas de Lieja. Un juguete de 445 millones de euros (en proyecto 200) del que, a juzgar por los premios y agasajos que le han dado por allí, parece que están orgullosísimos.


Criticar este tipo de gastos superfluos no parece cosa fácil. Todo país o ciudad tiene derecho a celebrarse a sí misma de vez en cuando con algún gran monumento. La elección del motivo es importante (¿por qué la estación de ferrocarril y no el ayuntamiento? etc)  pero cuando pensamos en monumentos deberíamos trazar una línea entre la escultura, ese arte tan dado a monumentos, y la arquitectura, esa otra disciplina más compleja que atiende a un sin fin de necesidades y símbolos.


¿Por qué un sencillo viajero que llega en tren a Lieja por asuntos de trabajo, o a ver a un familiar, tiene que celebrar lo que no quiere celebrar? ¿Por qué le hacen pasar por un lugar (un tremendo monumento) donde la ciudad hace ostentación de su prosperidad económica?


A nivel funcional la estación de Lieja parece más bien pensada para las viejas locomotoras de carbón que hacían mucho humo. Cierto es que en Bélgica llueve mucho y que una gran marquesina que cubra todos los andenes está bien, pero cuando sople el viento de costado me da que ahí se tiene que pasar mucho frío esperando los trenes.


Los puentes o pasillos laterales desde los que contemplar o esperar a los trenes tampoco parecen muy acogedores.


El viajero tiene que formar parte del monumento sí o sí. De la celebración. De la ostentación. Del despilfarro de espacios. De lo superfluo. No le queda otra.


Cuando uno visita la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia y calcula el enorme dispendio de dinero público con que esa ciudad se ha agasajado así misma para recibir turistas, se echa las manos a la cabeza. Y a poco que piense que los grandes maestros de la arquitectura han mirado para otro lado, le entra un cabreo monumental. Pero la Ciudad de las Artes y las Ciencias (pobres artes y pobres ciencias) es un lugar prescindible para el visitante de Valencia, que bien puede preferir celebrar la arquitectura de su enorme casco antiguo antes que esas mastodónticas esculturas que recuerdan a las fallas. El que vaya a Lieja en tren, sin embargo,  no tiene otra opción que pasar por el aro. O por la ola.


La monumentalidad del gesto seguro que deja en segundo plano la claridad de las circulaciones. Lo hemos visto en otras grandes infraestructuras construidas por este ingeniero/escultor y aquí no podía ser de otro modo.


Pero nadie dice nada al respecto y todos celebran la espectacularidad de la carísima estructura haciendo miles de fotos, -ese nuevo arte o gesto individual de la celebración colectiva.


El gran libro de la historia de Lieja nos muestra el tiempo de una estación que atendía un mayor número de funciones y símbolos. También era un edificio importante, a la escala de la ciudad, pero las diferentes partes de su arquitectura facilitaban la integración con la escala humana.


Ignoro las razones por las que se convirtió en un anodino edificio de oficinas con marquesina en el que Jacques Tati podría haber hecho de las suyas. Desconozco si la primeriza batalla de Lieja en la PGM pudo haber afectado al edificio, o si la "pequeña solución" de Hitler en el frente occidental ya al final de la SGM incluyó algún bombardeo de la estación. Es evidente que el tipo de arquitectura (o ingenieria) con muro cortina de los años posteriores a la SGM no ha sido ningún obstáculo para la demolición de esta segunda estación pero a la vista de la aparatosidad de la tercera a mí me entra la nostalgia. Cuánto más amable no hubiera sido llegar a Lieja a través esa sencilla estación funcional que no haciendo la ola al dinero y a sus monumentos.