álbum de edificios que hacen daño a la vista, a la razón, a la ciudad, o a todos juntos, y en especial a la arquitectura entendida como disciplina geométrica, racionalidad constructiva, orden, contextualización y urbanidad.
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jueves, 14 de abril de 2016
391. ERRIPAGAÑA. PAMPLONA
Lo del barrio de la Milagrosa del post anterior no fue en realidad un milagro de la arquitectura moderna en Pamplona sino más bien una profecía de que lo que iba a venir años después en materia de urbanismo y formas de hacer ciudad. Los de Nación Rotonda (v Cascotes 247) se han conformado con comparar las fotos áreas de los espacios anteriores a la burbuja inmobiliaria con las parrillas arretondadas que se diseñaron encima, pero Cascotes no se conforma con tan poco y quiere bajar a tierra, ver el desastre de ciudad que alguien pudo una vez imaginar, y si pudiera dar los nombres de los arquitectos que han hecho todas estas calamidades, a bien seguro que lo haría.
En un vistazo superficial a la zona oriental de Pamplona descubrimos cuatro bonitos paquetes residenciales merecedores uno a uno de un Cascote propio, y hasta de una peregrinación escolar. O se enseña esto a los estudiantes de arquitectura (qué digo enseñarles: o se les da en la cabeza a los estudiantes de arquitectura con esto) o es posible que se pasen cinco años llorando la muerte de Zaha Hadid.
Al este del casco urbano de Pamplona y vigilados por ese enorme edificio situado a modo de rótula que fue su seminario, cuatro barrios cuatro, arrodeados de verde y de horrotondas de diversa rotundidad saltan a la vista: 1) Erripagaña (Ripagaina según otros, antes de que Pamplona se reuskerizara); 2) Mendillori, 3) Sarriguren y 4) la joya de la corona, a los pies de la avda Carlos III, Soto Lezkairu.
Empecemos por el 1 y pidamos salud y ánimos para llegar hasta el 4 -no lo aseguro. Y es que los paisajes son de lo más duro. Ah ah (pareado).
Nada de pareados, la razón que preside el diseño de Erripagaña es no parear nada haciendo que los bloques bailen al son de las olas dibujadas en ese jardín que recorre el interior de los bloques.
¿Cómo responder en fachada a semejante movimiento en planta? Pues con el célebre estilo Saenz de Oiza, marca Navarra con plaza en la M-30 de Madrid:
Aunque también caben diseños más blandos o más blancos, a elegir:
Lo que no queda muy bien es poner las olas de los senderos del jardín en las fachadas, pero bueno, como Pamplona no tiene mar y las aguas de Arga (que pasa al lado) también van al mar, pues adelante con la idea:
A diferencia de Mendillori que está casi acabado, en Erripagaña todavía no se ve aún esa nueva arquitectura de equipamientos que da carácter al barrio, así que para paliar semejante carencia y marcar tendencia (otro pareado) el gran Vaíllo (v Cascotes 302) tiene edificado en los bordes un centro de recogida de residuos urbanos que seguro que ha salido en más de media docena de revistas de arquitectura con las que se enseña ahora arquitectura (esto no es un pareado sino una reiteración) a los que estudian arquitectura:
Eso sí, arbolado, jardines, césped, aceras y farolas, como por un tubo, que Pamplona es muy rica y no va a ser por dinero.
¿Quién es el catedrático de Urbanismo de la Escuela de Arquitectura de Pamplona? Pues aquí tiene trabajo carajo. Madre mía lo que tiene para enseñar a los alumnos. ¿O será que no hacen crítica en Urbanismo de Pamplona...?
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Ubicación:
Pamplona, Navarra, España
martes, 18 de noviembre de 2014
301. NUEVO HITO JACOBEO EN LOGROÑO
A primera vista parece una obra de arte conceptual, una performance arquitectónica o un collage para la Bienal de Venecia. Pero yo más bien creo que se trata de un souvenir o aún mejor, de un nuevo hito de la ruta jacobea. Está hacia el final de la calle Barriocepo de Logroño, en pleno Camino de Santiago, y estoy seguro que muchos peregrinos europeos se lo estarán llevando de recuerdo como prueba de que en España no escatimamos en medios para protección del Patrimonio.
Una explicación funcional sería que al colocar una fila de cortos y gruesos bolardos en la parte lisa del pavimento supuestamente dedicada al paso de peatones, se consigue que la gente transite por la parte rugosa dedicada al tráfico rodado y se evita que los peregrinos rocen con sus mochilas los venerables sillares de las antiguas casas.
Ahora bien, como todo el mundo sabe, los argumentos funcionales son insuficientes para explicar el alcance estético de la verdadera obra de diseño urbano. Aquí hay algo más que no logro desentrañar y que me tiene fascinado. La medianera del fondo, quizás, o las traseras de las viviendas de la derecha.., o seguramente la presencia de los coches detrás de la ruina conservada.... Exhala todo un aire de misterio y originalidad al que no podrá ser ajeno el caminante jacobeo por muy cansado o saturado de sensaciones que vaya.
No acaba aquí la cosa. Cuando el caminante haya recorrido este pequeño pero insigne tramo de su peregrinaje y vuelva la vista atrás para llevarse una última imagen de esta obra singular, deberá pasar por una última prueba cardíaca de resistencia al descubrir que tras sus pasos camina un extraño peregrino sin frente con todos los sellos tatuados sobre su torso desnudo.
Una escondida señal de tráfico completa el conjunto y le advierte de que no cabe la vuelta atrás. Si aún no había descubierto la magia del Camino y la sinrazón de su peregrinar, este es el momento. Este es el lugar.
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Ubicación:
Logroño, La Rioja, España
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