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viernes, 3 de febrero de 2017

432. A PALOS



Si clican en este enlace verán que en Palos de la Frontera hay tensos debates sobre la nueva arquitectura del Ayuntamiento, su programa iconográfico (que explica el Excmo Sr Alcalde en la foto de arriba) y la celebración del 525 aniversario del Descubrimiento de América.


En Cascotes hemos investigado en los antecedentes y hemos descubierto que el alcalde ya no sabe qué ponerse para explicar que la nueva arquitectura en Palos no hace sino seguir el espíritu de los tiempos. Aunque para la visita de obra del aparcamiento del Polideportivo eligió un look más informal:


Por aquí iba a empezar yo mi visita a palos, perdón, a Palos, porque en cuanto vi ese muro ondulante de hormigón del fondo me acordé de Trump y de los mexicanos y me compré un boleto para ver la construcción en vivo y en directo:


¡Virgen de Guadalupe! ¡cosa más linda! Con contenedores de basura empotrados de los caros y bolardos de fundición en primer plano. Todo un parking para ver el muro onduloso. Penita no poder acercarnos a verlo más de cerca por las vallas verdes con agujeros.


Cercano al muro (y al parking) hay otra construcción ondulosa que nuestro reportero de Cascotes no ubicó en su día en la correspondiente entrada dedicada a Polideportivos, pero desde aquí les enviamos un saludo y el enlace.



Cascotes también cerró su cabecera sin dedicar entrada alguna a la ejemplar arquitectura de nuestras plazas de toros. Hay en el blog un par de etiquetas en la barra lateral pero poca cosa más. La Plaza de Toros del Descubrimiento (del Descubrimiento de lo que sea) podría tener un lugar de honor en esa posible entrada, aunque baja mucho cuando no hay festejo y quitan los escudos:


De lo que anda bien es de parking. Para cuando no hay festejo y está muy desolada la plaza han puesto como remedio unas jardineras con palmeras y un toro broncíneo sobre rústico pedestal:


Menudo paseíllo les ha quedao. Para seguir alegrando la vista, otro polideportivo al lado, en un tipo de arquitectura distinto, como estilo Saenz Oíza o así:


Dejamos atrás la afición taurina y deportiva y vamos por otros derroteros no sin fijarnos al paso en la decoración modernista de la plaza Evaristo Domínguez y en el banco de techo ondulante, diseño de vanguardia:


Tenemos una dura jornada turística por delante porque nos han dicho que junto al famoso convento de La Rábida..., sí señor, andan bien ustedes de historia, y si no se la recuerdo...


Junto al convento, que no venimos a ver ahora porque nuestros descubrimientos son de otra índole, junto al convento, decía, han hecho un teatro romano dizque de las américas, para conmemorar nuestros descubrimientos:


Con bolas, adoquines, explanada para la recepción de medio millón de indios (cuando menos) y amplio parking para coches y autobuses:


El semicírculo de abajo es el continente de las carabelas. Visto desde el aire parece que estuvieran preparadas para salir hacia Marte (porque hacia el mar les han cortado el paso no fuera a ser que hicieran nuevos descubrimientos incómodos para la historia):


Pero bueno, vamos a dejarnos ya de turisteo y volvamos a palos, quiero decir, a Palos, a profundizar un poco en la historia reciente de su arquitectura y en el afamoso nuevo Ayuntamiento.

Es el caso que por la parte oriental del pueblo, por do sale el sol, había un espacio destartalado con terraplenes y coches tal que así:


Pues bien, se recurrió a los últimos avances de la arquitectura y les quedó tal que asá:


Y como vieron en Palos que la arquitectura obra milagros y es cosa buena, al emérito lugar le pusieron por nombre Plaza de España y le metieron una escultura con la que no me voy a meter (porque en Cascotes no entendemos de escultura):


Y a lo que vamos, viendo que la arquitectura es cosa buena, se dijeron, es el momento apropiado para renovar el Ayuntamiento, un pobre edificio ubicado en la esquina de una plaza con desnivel que ni chicha ni limoná:


Ya ven, con ventanales de aluminio, visillos de mi abuela y la persiana un poco caída:


Mejor tirarlo todo y hacerlo de nuevo, que para pobres ya están otros:


La estructura da igual que da lo mismo, se le pone luego una fachada con arquitos y nadie va a echar en falta lo que había:


Helo ahí que majo que les había quedado, más de estilo mozárabe, diría yo, pero con reloj. El mismo que había si la vista no me falla. Que la rehabilitación es buena y el aprovechamiento del pasado, mejor.


Pero bueno, faltaba aún el plan iconográfico dedicado al Descubrimiento. Justo el que explicaba el alcalde vestido de descubridor al comienzo de este post y que tras meses de mucha fantasía y denodado esfuerzo finalmente ha quedado así...:



...dando origen a una polémica que lo mismo termina a palos. Y no porque sea bonito o feo, o porque la arquitectura sea de nuestro tiempo o no, sino porque como dice la noticia linkada, en la parte de arriba que casi no se ve, han puesto a unos indios a evangelizar ¡válgame dios!


A juicio de Cascotes los verdaderos Descubrimiento de Palos de la Frontera han sido las fresas y las rotondas. Por ese orden. Luego vienen las plazas con farolas y futuras esculturas. En el pie de foto de esta otra plaza ponía que en ese pedestal van a poner a los Pinzones.


Y ya.

Todo el material de este post ha sido amablemente tomado de prestado en Internet, esa fuente de sabiduría sin la cual la arquitectura no podría progresar nunca más. Si alguno de los prestamistas quisiera detener el descubrimiento de los progresos en la arquitectura no tiene más que decirlo y le devolvemos su dinero.

jueves, 3 de diciembre de 2009

124. LA HAMBURGUESA. Logroño. España

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En septiembre del 2000, cuando aún escribía para los periódicos (o sea, cuando aún "creía" en los periódicos, ja ja ja ja), publiqué este articulillo como reacción al anuncio de la construcción de una nueva plaza de toros en mi ciudad.

Durante esta primera década del siglo la hamburguesa se construyó (arquitectos: Diego Garteiz y Javier Labad) y la vieja plaza de toros de Fermín Alamo (ver foto al final de esta entrada) se demolió. En este par de fotos que preceden al artículo en cuestión, puede verse como ha quedado la cosa.



LA HAMBURGUESA
juan diez del corral
LA RIOJA, 16 sep 2000.

De entre las anécdotas más divertidas que puedo contar del pasado verano, una es el comentario de un amigo inglés sobre los toros en España: “yo pensaba –me dijo– que las corridas de toros sólo existían ya por la curiosidad de los turistas hacia ese arcáico y trágico juego con la muerte de un animal, y que la moderna España se había olvidado casi por completo de las corridas de toros”. Nada más lejos de la realidad –le contesté–, la fiesta está más viva que nunca; y a modo de demostración le ofrecí como prueba que en mi misma ciudad se iba a construir este mismo año una nueva plaza de toros.

Ayer mismo le envié por correo electrónico el fotomontaje que LA RIOJA de 5 de septiembre publicaba en su portada; pero para mi sorpresa, y con la inmediatez que dan los medios electrónicos, recibí esa misma noche su respuesta: “en algo tenía yo razón –me escribía–: se parece a una hamburguesa”.

En efecto, la imagen de una gran hamburguesa está presente en muchos lugares turísticos. Sin ir más lejos, mi amigo Carlos Lloret, ex arquitecto municipal de Logroño, me describía así la entrada a L'Estartit: “cuando veas una gigantesca hamburguesa pinchada en un palo es que ya has llegado”. Pues bien, en las nuevas guías del Camino de Santiago que pronto se escriban, la llegada a Logroño por el puente de Piedra será descrita de un modo similar, y estoy seguro que los nuevos turistas del peregrinaje celebrarán más la imagen de tan querido alimento que las de las viejas torres de la religión.

A mi amigo inglés traté de explicarle que la fuerza histórica de la fiesta, con todos sus signos y detalles, era tan poderosa que incluso aquellos que no tenemos gran afición por los toros aceptamos de buen grado su persistencia. Sin embargo, con la nueva imagen de la hamburguesa de Logroño mi argumento se desmorona.

A ver si me explico: imagínense Vds. que en un golpe de modernidad a alguien se le ocurre que los toreros, en vez de vestir el caro y complicado traje de luces, puedan salir a lidiar con un mucho más cómodo chandal patrocinado por una de las multinacionales del sector deportivo. O que los picadores, en vez de montar un caballo medieval, atacarían mucho más certeramente a los toros sobre el brazo grúa de una camioneta todo terreno. Imaginen que para ahorrar dinero (y aumentar en unas cuantas plazas el aforo de la plaza) y para que la música llegara con mayor fidelidad a todos los tendidos, en vez contratar a una banda municipal se instalara un moderno sistema de altavoces accionado desde la presidencia mediante un buen equipo de música con pasodobles grabados por las mejores bandas de España. Imagínense que en vez de alguacilillos ponen a guardas jurados para dar las llaves de los toriles. Estoy completamente seguro que de llevarse a cabo algunas variaciones de este tipo u otras parecidas que se me ocurren, los buenos aficionados a la fiesta la abandonarían cabizbajos y meditabundos dejando definitivamente libres sus asientos a unos turistas, a los que las innovaciones mencionadas les iban a traer sin cuidado.

Pues bien, si importantes son los alguaciles, la banda de música, el caballo del picador y ya no digamos el traje de luces, ¿no se han parado a pensar un poco los aficionados a la fiesta de los toros en Logroño lo esencial que es la plaza?. ¿Les da exactamente igual que la lidia se produzca en un coso lleno de historias y de recuerdos, de grandes tardes y de broncas sonadas, de suspensiones por la lluvia, de graves cogidas o de salidas por la puerta grande, en una plaza incómoda pero entrañable y cargada de reminiscencias historicistas, que en el interior de una hamburguesa por muy cómoda y funcional que ésta sea?.

Como arquitecto me consta que, desde que se hizo moderna, la arquitectura ha perdido presencia y signo; que su belleza –cuando raramente llega– es abstracta e incomprensible; y que nuestra sociedad ha olvidado todo su interés por ella. Es por eso por lo que ya sólo me llevo las manos a la cabeza en aquellos casos en que la arquitectura formaba parte de un entramado cultural más complejo (como por ejemplo una iglesia, o ahora con una plaza de toros) y que su desaparición les trae a los fieles sin cuidado. Me entran entonces unas grandes dudas sobre su fe o sobre su afición.

A quienes me han pedido mi opinión sobre la nueva plaza de Toros de Logroño o a quienes les puedan interesar mis reflexiones arquitectónicas, sólo les diré que el proyecto de sustitución de un coso por otro que yo usaba para rebatir a mi amigo inglés, me ha llevado por el contrario a darle la razón: quienes vayan a ver los toros dentro de la nueva hamburguesa de cristal no serán probablemente los turistas peregrinos, que son pocos y llegan muy cansados, sino unos logroñeses convertidos para siempre en desarraigados turistas dentro de su propia ciudad.



Adenda: al poco de colgar esta entrada, un cascoamigo me ha enviado una foto con un poco más de detalle de la Hamburguesa para recordarme lo ingenuo que yo era en este artículo diciendo que la nueva plaza de toros podría ser más funcional y cómoda...