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lunes, 29 de octubre de 2007

6. CIMIENTOS DE LA MODERNIDAD




Adolf escribió:

“El papúa despedaza a sus enemigos y los devora. No es un delincuente, pero cuando el hombre moderno despedaza a sus enemigos y devora a alguien entonces es un delincuente o un degenerado. El papúa se hace tatuajes en la piel, en el bote que emplea, en los remos, en fin, en todo lo que tiene a su alcance. No es un delincuente. El hombre moderno que se tatúa es un delincuente o un degenerado. Hay cárceles donde un 80% de los detenidos presentan tatuajes. Los tatuados que no son detenidos son criminales latentes o aristócratas degenerados. Si un tatuado muere en libertad, esto quiere decir que ha muerto unos años antes de cometer un asesinato”.

Tranquilos, tranquilos, que no es el Adolf que pensáis; qué va, es el Santo de los arquitectos modernos y progres: Loos, Adolf Loos. Los del “menos es más” que aún van por ahí levantando la cabeza y rezan el título de su artículo una y otra vez sin haberlo leído: “Ornamento y Delito; Amén”.

Asusta leer hoy a Loos. Pero sobre todo asusta pensar que sobre semejantes argumentos se construyó toda la estética de vanguardia del siglo XX. Y asusta pensar la de modernos que aún quedan. Por eso les pongo el anuncio de Subaru: a ver si aún están por la labor de meter en la cárcel a la del “espíritu rebelde”.