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domingo, 20 de febrero de 2011

170. VALLECASCOTES (IV). VA DE CHAPAS

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El hierro es para la guerra, y la madera para la casa. Viendo los forros de chapa que se han puesto de moda entre los arquitectos, uno piensa que deberían enseñar eso en las Escuelas. Hasta me da por pensar si hierro y guerra no son la misma palabra por aquello de tener el mismo infijo "-err-"  (habrá que preguntárselo al sabio Eduardo. Gil Bera, claro). Forrarse de chapa no anunciaba nada bueno:


¿y quién no recuerda aquellas célebres tocineras, o furgonetas grises de los idem forradas de malla? Nada pacífico, desde luego. No he encontrado fotos en google imágenes, pero eran algo así:


El coche ya es nuestra funda de chapa, nuestra coraza de guerrero de cada día...


pero, claro, si uno llega luego a casa y se encuentra con la casa tal que así


es que ya no hay ni descanso para el guerrero, joer. Y mirad la entrada de la susodicha:


Una obra de arte en chapa, desde luego. Y para todos los días de tu vida.

Véase también esta otra fachada en la que los balcones pueden cerrarse con grandes chapones correderos para evitar las pedradas de los estudiantes.


Muy artística, sí señor. Y móvil.

Puestos a pensar, lo mismo es que los arquitectos insisten en la corbuseriada esa de que la casa es una máquina de habitar y lo que quieren es darles el aspecto de fábricas:


Aunque éste se ha pasado y le ha salido una refinería o una central nuclear, vaya Vd a saber.


Con todo, la imagen más chaposa de todo el Valle es la de estas escaleras. De seguro que están pensadas para alguna peli de ciencia ficción.


Este otro bloque, sin embargo,  parece un almacén de logística, con los números bien grandes para los que apilan palés con la Fenwick.


Lo peor de la chapa es que no pega con nada que se parezca a una casa, aunque tampoco es que el de la fachada del código de barras haya andado muy fino:


¡A por ellos, que son pocos y sin chapas!

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sábado, 19 de febrero de 2011

169. VALLECASCOTES (III). O BABELCAS

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En su marcha hacia Oriente vieron una llanura y dijéronse unos a otros: vamos a hacer ladrillos y a cocerlos al fuego. Se sirvieron de los ladrillos como de piedra, y el betún les sirvió de cemento. Era la tierra toda de una sola lengua y de unas mismas palabras pero se pusieron a edificar una ciudad y una torre cuya cúspide llegara a los cielos con la idea de hacerse famosos por si tuvieran que dispersarse sobre la faz de la tierra, pero cuando Yavhé bajó a ver las obras confundió sus lenguas para que no pudieran entenderse los unos con los otros. Y así, al de la derecha le dio el Moneo, lengua que desde la Maternidad de Madrid se habla haciendo rayas horizontales pase lo que pase por debajo, al del centro le dejó al pobre con la vieja jerga de los ventanales y barandillas de cristal y a los de más allá les dió el Koolhas para que ni se entendieran entre sí ni con los demás. Y vio Yavhé que era bueno y al lugar lo llamó Babelcas.



Y es que sólo en Nombre del más Grande pueden los humanos asomarse al balcón o mirar por la ventana y bendecir al Altísimo de la Arquitectura por haberles regalado esas rayitas que ahora les ponen a los arquitectos más que las de coca. Jrande es el Señor y larga es la lengua de sus Profetas. Pero no se me tranquilicen usarcedes creyendo que esto de las lenguas es algo que afecta no más que a la piel del edificio, pues cuando se habla en Koolhas las contorsiones han de afectar a la volumetría en general...


... y a los pequeños detalles en particular:


Mi Enrique, que vive justo enfrente, en una pobre casa sin atributos, se preguntaba por los desolados aspirantes a piso de protección oficial a los que le hubiera tocado la planta baja..., aunque... mira qué parking les han puesto, coño (¡con dos señaleeees! y bolaaaardos, señores), y rejaaaas para que no entren los yonkis, y sombra para el verano delante de sus ventanalessss:


No contento Yavhé con confundir a los arquitectos, hizo lo propio con los urbanistas, mezclando lenguajes a la última con detalles chungalís donde los haya (al fondo, al otro lado del parking de minusválidos la casa de Enrique).


Aquí los bancos del encuentro entre calles:


Más allá del edificio Piramidones (lo llamo así por lo de las pirámides truncadas del remate, o... por el dolor de cabeza que da verlo, tan gris y verde él, con el agua escurriendo por sus lisos paramentos), ya ve Vd como Yavhé no aparta su mirada de Babelcas y sigue castigando la vanidad de sus hacedores confundiéndoles las lenguas. En el bloque en construcción de más allá, la cosa viene en grandes paramentos verticales color naranja.


Alabado sea el Señor, por siempre sea alabado.
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viernes, 18 de febrero de 2011

168. VALLECASCOTES (II). DARSE EL MOCO

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La segunda parada de nuestro recorrido por el valle la hacemos en el moco. El verde, se dice, es el color de la naturaleza, del ecologismo, pero también de los mocos. Y lo que está claro en este caso es que el creador de un edificio así se dio el moco. El bloque en cuestión está en la calle que más pinta de calle tiene en todo el PAU, por lo que el mocazo aún destaca más. Es como si lo llevaras puesto en medio del jersey.

El truco del moco es que las contraventanas estén forradas del mismo material verdoso que los paramentos de fachada y que la disposición de las mismas tenga esa gracia orgánica de caer en cualquier parte y tener cualquier tamaño. Tal que así:


Claro que al llegar a planta baja, nada de residuos orgánicos no sea que vayamos a ablandar la vida en la acera. Chapa y rugosa. (al paso ir tomando nota de los bolardos y coches)


Certificamos una vez más que en materia de generosidad creativa, los arquitectos artistas no se cortan un pelo. La barandilla-puerta es como una escultura digna de un museo de arte contemporáneo, aunque encontrar en ella el paso y la cerradura ya es otra cosa (la clave está en dar con el muelle de cierre situado en la parte superior):


Aunque para moco de pavo, el barrio de buzones a distintos niveles organizado en el portal:


Alrededor del moco singular la vulgaridad coge otro tono, como más entendible, si bien los arquitectos urbanizadores siguen teniendo grandes dificultades a la hora de pensar qué poner en tan grandes espacios entre bloques.


Uno de los grandes problemas de los mocos es su tamaño. A pequeña escala, en escorzo, son soportables, pero un moco gigantesco es un pesadilla. Y con el suelo de albero y los niños jugando alrededor se lleva a matar:


En el bloque que está detrás del supermoco hay como unos soportales que dan a ese gran espacio, pero están vallados. No es una stoa, no son para protegerse de la lluvia o del sol: es una invención singular para colocar la rampa de garaje:


Justo en línea con el anterior, el arquitecto siguiente ha elegido unas tradicionales rejas Madrid cañí para las plantas bajas:


Por entre el moco, los soportales rampa y las rejas cañí, está la urbanización de bolardos que no siempre acierta a organizar los coches. En el paramal de baldosas el alcorque pone una nota de color verde. Y la farmacia también, pues no en vano... es a ella a donde vamos cuando tenemos mocos.

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jueves, 17 de febrero de 2011

167. VALLECASCOTES (I). SER SINGULAR

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Vamos con ello y no hagamos esperar. Aquí un hombre. Con la compra. Abriendo la puerta de su casa en Vallecascotes. Parecen las puertas de una boutique. La boutique JARP2. Acaso unas puertas correderas. Pero no, el hombre deja las bolsas en el suelo, y busca la llave.
Enrique me advierte: el portal parece la antesala del quirófano de un hospital de los años cincuenta. El vecino nos permite pasar y verle caminar hacia el ascensor, al fondo, a la derecha.


También podrían ser los urinarios de un polideportivo, pero no, se trata de arquitectura minimalista, le explico a Enrique.

Una curiosidad: mientras en la calle ya no ponen baldosas de aquellas grises de cemento (ver foto de arriba), el suelo del portal está hecho con ellas.  El hombre desaparece y nos quedamos mudos. Blancos.


Nadie espere crítica. Eso se paga. Ni opinión. ¿A quién le importa la opinión de un sólo votante? Este es un blog de poesía, y la poesía, como la música, incorpora de vez en cuando los silencios.

El portal pertenece al más singular de los edificios singulares de viviendas que jalonan Vallecascotes. Véanse si no estas dos fotos desde sus inmediaciones. (En el blog de Enrique o en el Vicisitudes pueden encontrarse fotos tomadas desde más lejos).



Geometría rotunda en la volumetría. Torre de veinte pisos, bloque de ocho o diez, y puente de baja más dos. Las ventanas bailan, se desplazan, se meten, salen. Si en el portal era todo blanco, en el exterior todo es negro. Muy negro. Solo las cagadas de la palomas van dejando chorretes blancos sobre el aplacado negro de la fachada. Con el tiempo le darán una textura orgánica muy interesante.

Cuando a los arquitectos se les deja hacer, son brutales. Generosos. No se cortan un pelo. Lo dan todo de sí. El problema de la energía en este país se resolvería con tan sólo enchufar un tendido eléctrico a los creativos cerebros de los arquitectos. Gracias al esfuerzo del arquitecto de este bloque de viviendas el hombre sin atributos de la primera foto ya es un hombre singular.

Sobre todo si uno da un giro de ciento ochenta grados y hace una foto de lo que se ve desde el edificio negro con bajeras blancas:


La he subido grandecita por si queréis ponerla como fondo de pantalla y sentiros hombres singulares. Los vecinos de la calle de enfrente no son hombres singulares. Han caído allí casas salidas de manos de arquitectos no artistas, es decir, los que entienden la profesión como ingeniería del almacenamiento humano. Cosas del sorteo municipal. Sobre la urbanización interior ya entraremos en detalle. La especie de patio interior abierto entre bloques está ocupada por calles peatonales llenas de coches y bolardos. Y bajeras ciegas.

Lo de las bajeras ciegas es en lo único que nuestro bloque singular se asemeja a las estanterías de pisos de ladrillo. Una característica compartida. Lo decían con horror Vicisitudes y Sordidez: las bajeras ciegas hacen inhóspitas las aceras y convierten cada calle en triste espacio de desolación.


Tan desolado que los espacios públicos del otro lado del bloque, los espacios así llamados "blandos" parecen incluso más fríos que los que dan a aceras y calzadas:


Añado otra foto con resolución suficiente como para ponerla de fondo de pantalla e imaginaros sentados en el banco. Pensando sobre la singularidad. Sobre la vida en un lugar así. Sobre la nueva arquitectura.

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miércoles, 16 de febrero de 2011

166. VALLECASCOTES. Introducción

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Animado por los colegas Vicisitudes y Sordideces y su cuarta entrega de Satán es mi Señor, el viernes 11 de febrero, en que pasaba por Madrid, me di con Enrique un gran paseo por el Pau Vallecas (en adelante Vallecascotes). Enrique fue el primero que me alertó sobre la riqueza arquitectónica del polígono donde se había ido a vivir, y así lo conté en el 110. Dejé allí un enlace a su blog, pero como se lo hackearon (tenía fotos de chicas estupendas), lo cerró y ya no está disponible . Se imponía pues hacer un nuevo y grande reportaje fotográfico sobre el Valle, en realidad, paramal, aunque queda mejor Vallecascotes que para mal para mal cascotes. En el par de horas que duró el paseo hice casi cien fotos pensando que luego seleccionaría ocho o diez para una entrada del blog, pero qué va qué va: me he puesto a elegir las mejores y no podía tirar ninguna. Ninguna. Todas todas me parecen jrandiosas. Así pues, como cien afotos en una depostición es mucho rato en el uater, voy a hacerlo en pequeñas diócesis. Hoy os pongo solo la primera de ellas, la de Enrique contemplando los solares que quedan en el Valle, ricos pastos para la creatividad de arquitectos salidos de Escuelas como la que he agregado en el anterior poss. Me salió la foto borrosa, pero es bonita. Supongo que igual que a mí,  a la cámara se le nubló la vista. Ya veréis ya.
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viernes, 24 de abril de 2009

110. VALLECAS, Madrid: nueva vivienda social



Me puse a escribir sobre las viviendas de protección oficial al final del LHD (véase VPO I, VPO II y VPO III) pero en aquella época estaba algo cansado de escribir y no seguí con el tema, dejando en el tintero la fatal influencia que las viviendas de protección oficial han ejercido sobre la configuración de la vivienda contemporánea y sobre nuestras ciudades en general.

También escribí en el LHD una nota sobre las viviendas de San Chinarro y su entusiasta arquitecta colaboradora: EL SUEÑO DE TRIUNFAR.

Acerca del tema de la “nueva vivienda” publiqué un Cascote Monumental, el número 70: ARQUITECTURA VIVA, VIVIENDA NORMAL

Pero en todo caso mi primera gran carga contra la “vivienda moderna y social” fue la crítica a las viviendas de Saenz de Oíza en la M-30 con la que me jugué el puesto de comentarista de arquitectura del Babelia para el que me habían tentado: EL PATIO DE MIL CASAS NO ES PARTICULAR.

La mayor compensación para alguien que cree que la arquitectura contemporánea sólo tiene cura a través de la crítica y para quien no ha dejado de cosechar incomprensión con el ejercicio de la misma, es encontrarse de tanto en tanto con algún texto crítico, o cuando menos irónico como el que aquí enlazo: VIVIR EN VALLECAS.

El blog de Enrique, que así dice llamarse su autor, es un mix de erotismo, música, biografías de personajes curiosos y, mira por donde, también arquitectura. Entre chicas provocativas y música estupendísima, Enrique suele incluir en su blog elogiosas reseñas de arquitectura histórica española, actividad no muy frecuente entre los arquitectos españoles. Enrique no es arquitecto, claro, y es lógico que se ampare en la garantía que da la historia antes que aventurarse a criticar la arquitectura contemporánea. Por eso, en su paseo por la moderna Vallecas, más que escandalizarse, prefiere manifestar sus dudas, lo que es del todo sensato y razonable.

A mí, sin embargo, todo el material que aporta en su último comentario me parece digno de figurar en este blog y aunque no me traiga para aquí más que una de sus fotos como ilustración de cabecera, os invito a hacer con él su singular cascopaseo por la nueva vivienda social de Vallecas y hasta escuchar la desgarradora canción del grupo heavy local con que lo “adorna”.